viernes, 16 de octubre de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (185)

185 PISA: ¿Y AHORA, QUÉ? (II)

 


PISA 2025 vuelve a señalar grietas profundas del sistema educativo español. Los datos apuntan a problemas de fondo: crisis lectora, creciente mediocridad, inversión poco eficaz, ideologización, una fractura territorial cada vez más visible…

La lectura es el epicentro de la crisis. Sin comprensión lectora sólida se resienten las matemáticas, las ciencias y el pensamiento mismo. No es una destreza aislada, sino la puerta de entrada al conocimiento.

Se consolida un rendimiento cada vez más bajo. El sistema apenas genera alumnos excelentes y acrecienta el número de quienes no alcanzan el nivel mínimo (más del 25%). 

Tampoco basta con gastar más. Navarra o el País Vasco obtienen resultados malos, mientras Madrid, Castilla y León o Asturias, con menor gasto, encabezan las clasificaciones. El dinero no sustituye a la exigencia, la organización ni la calidad educativa. 

La fragmentación territorial desmejora el cuadro clamorosamente. Excluidas Ceuta y Melilla -que sobresalen del baremo muy por debajo-, la distancia entre comunidades alcanza 45 puntos en ciencias, 52 en lectura y 42 en matemáticas: diferencias equivalentes a más de dos cursos de aprendizaje. En Navarra, un alumno actual de 3.º de ESO maneja competencias similares a las de uno de 1.º de ESO en 2009.

Se incurre también en la llamada “trampa de la equidad”. La pretendida igualdad se reduce a una nivelación por abajo rebajando la exigencia. La auténtica equidad no exige que todos aprendan menos, sino que todos puedan aprender de acuerdo con sus posibilidades y sus necesidades reales. 

Despreciar la exigencia y la búsqueda de la excelencia educativa ha debilitado el rendimiento general, ha penalizado el esfuerzo y ha convertido la inclusión en un ideal retórico imposible de sostener en aulas con niveles, necesidades, dominio de la lengua, intereses, expectativas y ritmos muy dispares en el alumnado que ocupa la misma aula. El “café con leche para todos” lleva al empobrecimiento académico, a la frustración y el malestar docente y a menos oportunidades para quienes más necesitan una escuela fuerte que de verdad les impulse. 

Por otro lado, al rebajar el nivel básico, las familias con recursos buscan fuera lo que el sistema ya no garantiza dentro. Así, la escuela pública deja de ser ascensor social y la brecha real se ensancha.

Ideología frente a evidencias: La política educativa española ha cambiado leyes, multiplicado burocracia y renovado el vocabulario pedagógico sin afrontar lo esencial. Se han preferido los propósitos ideológicos -como la imposición lingüística o el feminismo woke- a los resultados verificables, al cultivo del esfuerzo y la mejora personal. 

Y cuando los datos contradicen el relato, se opta por despreciar los datos. La evidencia internacional (los sistemas con buenos resultados) señala el camino: currículos ambiciosos, evaluación rigurosa, mérito, autoridad docente y atención a la diversidad compatible con el aprendizaje real. Sin embargo, durante décadas se ha concebido la educación como instrumento de transformación política antes que como transmisión eficaz de conocimiento y ascensor social mediante el mérito.

PISA no ofrece una sentencia definitiva, pero sí una advertencia clara: el problema no es cuánto se invierte, sino qué se enseña, cómo se evalúa, qué se exige y qué idea de escuela se defiende. Si la educación empeora, empeoramos todos.

            (Publicado en el semanario La Verdad el 9 de octubre de 2026)