jueves, 29 de enero de 2026

ACERCA DE LA MASONERÍA. UNAS IDEAS GENERALES.


“La Masonería es una institución filosófica, filantrópica y progresista a nivel internacional con alrededor de 300 años de antigüedad cuyo objetivo máximo es estimular el perfeccionamiento moral e intelectual de hombres y pueblos buscando obtener la fraternidad universal”. Así define la Gran Logia de España qué es la masonería.

Fundada en la efervescencia de ideas del siglo XVIII, su objetivo permanente pasa por la secularización de la sociedad mundial. Profesa un sentimiento cosmopolita, fraternal, filantrópico y humanista. En su doctrina se mezclan lo simbólico, lo filosófico y una religiosidad que se remonta a la antigüedad. 

El sentimiento religioso masónico viene a ser un sincretismo coincidente con una religión universal, natural y deísta, cuyo Ser supremo no sería el Dios de la revelación sino el “Gran Arquitecto del Universo”, que pretende ser símbolo del Dios común a todas las religiones. Los masones no han de profesar una confesión religiosa concreta, pero sí han de practicar los principios éticos que constituyen la esencia de la religión natural.  

Fue creada en 1711 por un grupo de pastores protestantes y anglicanos, partidarios de la casa de Hannover y hostiles a la Iglesia católica. La masonería o francmasonería moderna se precia de ser la continuadora de la “masonería  operativa medieval”, si bien dice remontarse a personajes del Antiguo Testamento: Caín, Tubalcaín, Abraham, Moisés, Salomón, Hiram Abif… e incluso a seres diabólicos como Lucifer y Baphomet.

           Imagen de Baphomet

Se argumenta que los hombres no somos capaces de alcanzar la verdad respecto de la persona, e incluso que dicha verdad no existe. La única verdad es la que se revela a los iniciados como fruto de su iniciación y crecimiento a lo largo de los grados de conocimiento y lealtad de la Orden. Los derechos humanos se presentan entonces como el resultado de procedimientos consensuados, que se renuevan indefinidamente: se convierte en una religión, la de los ‘nuevos derechos humanos’, que postula un desarrollo indefinido y sostenible culminante en la deificación del hombre mismo, convertido en autosuficiente. 

Esta ideología, que rechaza el respaldo de un orden moral objetivo, se considera facultada, como ha dicho el filósofo judío Emmanuel Lévinas, para gobernar todo y a todos, y los nuevos derechos humanos así entendidos se convierten en una especie de “religión laica” incuestionable, que se justifica a sí misma y que podemos denominar humanitarismo y laicismo, cuyas “divinidades” paganas son poder, eficacia, riqueza, bienestar y saber. Los ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico de liderazgo moral universal. Ellos, como los ingenieros de una nueva sociedad, diseñan el futuro mundo feliz. Las instituciones que hasta ahora han venido figurando como pantalla y correas de transmisión de la masonería, van dando paso a dos grandes Instituciones mundiales: La ONU y la Unión Europea.

 Michel Schooyans, que ejerció como diplomático de la Santa Sede en la ONU, apunta con agudeza: “Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres física y psicológicamente, su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente. Habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.”

Tres son los frentes, sostiene Schooyans, a través de los cuales la nueva religión de la humanidad -muy cercana e incluso coincidente con la espiritualidad de la New Age- se va abriendo frente en la cultura y en la política: el ecologismo panteísta, el feminismo radical y el neomatusianismo antinatalista. En todos ellos se niega que exista una naturaleza humana, recibida y no construida por el hombre, depositaria y plasmación de un orden moral objetivo previo a la voluntad humana y que está por encima de ella.

Según M. Schooyans, “bajo el disfraz de una responsabilidad compartida, la ONU invita a los Estados a limitar su soberanía. De esta manera Naciones Unidas se presenta cada vez más como un Superestado mundial. Tiende a gobernar todas las dimensiones de la vida, del pensamiento y de las actividades humanas, ejerciendo un control cada vez más centralizado de la información y del conocimiento”. Tras el prestigio de la mayor Organización internacional del planeta se esconden poderosas redes de influencia, y frente a su vocación original de servir a la dignidad de toda persona humana se aprecian estrategias de poder de alcance mundial. 

La minoría dominante, añade Schooyans, está constituida por personas con recursos que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales" más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, el foro de Davos (CFR), la Comisión Trilateral fundada por David Rockefeller o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arroga la misión de planificar y regentar el mundo y tiene bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, expertos, políticos y divulgadores. 

En ausencia de un Estado de contornos visibles por el momento, en el marco de este imperialismo de clase -verdadera Plutocracia-, nadie sabe en realidad quién decide ni quién es el último responsable. El lenguaje y el mensaje es anónimo, pero se impone de manera incontrovertible, como un “pensamiento único” impuesto por la evolución y marcha de los tiempos.

Siguiendo las páginas de El País, sin ir muy lejos, un lector con adecuada formación, experto en los medios de información y alta dosis de sentido crítico, puede descubrir las maniobras, campañas de opinión pública o sucesivas decisiones que unos pocos, en la sombra, adoptan ante la pasividad de unos ciudadanos narcotizados, anestesiados.

De acuerdo con la leyenda rosa difundida con especial empeño por los masones, esta orden no sería una sociedad secreta, sino “discreta”, dedicada a obras filantrópicas y humanitarias y a elevar el nivel moral de sus integrantes y de la sociedad en general mediante el cultivo de la tolerancia y las manifestaciones de la bondad humana. Incomprensiblemente, afirman, habría sufrido la intolerancia agresiva de la Iglesia Católica, y hablando de España, el franquismo la habría visto, con notable paranoia, como un temible enemigo a perseguir ferozmente. Esta persecución que, en efecto, sufrió la masonería del franquismo se ha presentado como una prueba decisiva del carácter bondadoso, inofensivo y tolerante de una sociedad cuyos miembros se reconocen a sí mismos como “hijos de la luz” o “hijos de la Viuda”.

Sin embargo, la lógica más elemental permite ver enseguida la incoherencia entre estas pretensiones y otros rasgos conocidos de la orden, como por ejemplo su intolerancia laicista. Por ejemplo, también, sus juramentos rituales de no revelar jamás, bajo pena de muerte, los “misterios” de la sociedad testimonian una auténtica obsesión por el secretismo.

El efecto más destructivo del humanitarismo masónico estriba seguramente en hacer pensar que la fe en Cristo es estéril, incapaz de suscitar paz, ciencia, justicia, compasión, humanidad, solidaridad, vida. Que Dios -desde los remotos tiempos del Paraíso terrenal- es el enemigo del hombre, del conocimiento y de la libertad. Que la moral no tiene su fundamento en el creador de la naturaleza humana y es sólo un sentimiento de altruismo y de abstracto amor a la Humanidad con mayúscula. Que dicho amor al Hombre y a la Humanidad es más eficaz y progresista que la fe en el Dios de los cristianos.

 

PARA SABER MÁS:

-       AYLLÓN, JOSÉ R.: El mundo de las ideologías. Homo Legens, Madrid, 2019.

-       BÁRCENA, ALBERTO: Iglesia y Masonería. Las dos ciudades. San Román, Madrid, 2016

-       GUERRA GÓMEZ, MANUEL: El árbol masónico. Trastienda y escaparate del Nuevo Orden Mundial. Digital Reasons, Madrid, 2017.

-       SÁNCHEZ, JESÚS: El libro de los masones. La sabiduría prohibida. Amazon,2020.



JOSÉ RAMÓN AYLLÓN:

EL MUNDO DE LAS IDEOLOGÍAS. ILUSTRACIÓN Y MASONERÍA.

 

 La madre de las ideologías fue la Ilustración francesa. Llamamos Ilustración a la gran corriente cultural del siglo XVIII en Europa y América. Su nombre expresa el deseo de ilustrar al pueblo llano. Si la ignorancia es aliada de la miseria y la opresión, conviene tomar muy en serio la educación de los niños y del pueblo en general. Sapere aude!, propone Kant. ¡Atrévete a saber! Este hermoso ideal se corrompió en Francia cuando un puñado de radicales incendió la política y quiso imponerlo por medio de una violencia incontrolada, hasta el punto de hacer de la guillotina el símbolo de su Revolución. 

Antes de la Revolución Francesa, el afán educativo de la Ilustración produjo en Francia la Enciclopedia o Diccionario razonado de las artes, las ciencias y los oficios. Esta obra magna fue publicada en 28 tomos, entre 1751 y 1772, bajo la dirección de Diderot y d’Alembert. Pronto fue reproducida e imitada en toda Europa y América, con su marcada ambivalencia: excelente obra de referencia y máquina de guerra contra la religión; cruzada del conocimiento y gigantesco panfleto. 

Los ilustrados franceses estimaron que su tarea reformadora requería eliminar un obstáculo previo: el cristianismo. No su ética de amor y fraternidad, sino su pretensión de verdad, su teología y la misma Iglesia. Después la luz de la Razón disiparía las grandes masas de sombra y superstición que cubrían la Tierra; la sociedad se ordenaría con un nuevo derecho, ante el que todos serían iguales, sin injustos privilegios históricos. 

Los voluntarios que regresaban de la guerra de independencia de las 13 colonias americanas de Nueva Inglaterra, hablaban de un extraño país democrático donde no había rey, ni corte, ni aristocracia, tan solo ciudadanos y ciudadanas libres e iguales. Era la prueba de que resultaba posible lo que predicaban Rousseau, Diderot y Voltaire. Saltaba a la vista, sin embargo, una diferencia no pequeña: los americanos eran sinceramente cristianos. Así, unos y otros enarbolan la bandera de la libertad, la igualdad, los derechos humanos y la democracia, pero los franceses desatan además el terror de la guillotina y una sangrienta represión contra los católicos de La Vendée, mientras Napoleón siembra los campos de batalla de Europa con millones de cadáveres. 

El optimismo vital es, sin duda, uno de los aspectos más atractivos de la Ilustración, y será alimentado, sobre todo, por Rousseau. Si sus antepasados calvinistas habían afirmado el dogma del pecado original, el defenderá la postura opuesta: la bondad original. Su fe en la naturaleza humana y en la perfectibilidad de la sociedad impresionó a sus contemporáneos y levantó una ola de simpatía en toda Europa. Por desgracia, las atrocidades del Terror revolucionario, entre 1793 y 1794, pusieron de manifiesto lo extravagante de su optimismo y borraron la fe en la bondad esencial del ser humano. Ni siquiera el gran apóstol de la idea de progreso, Condorcet, pudo evitar la guillotina. 

En perfecta simbiosis con la Ilustración, la masonería. Nació como gremio medieval de albañiles en el siglo XII, pero en el XVIII se refundó como sociedad secreta para manejar en la sombra los hilos del poder. Sus numerosos adeptos en sectores intelectuales y aristocráticos crearán una poderosa red de influencias en toda Europa y América, medio fundamental para provocar las revoluciones liberales y los procesos de independencia de los virreinatos hispanos. Entre las fuentes para su estudio son indispensables las Constituciones de Anderson, aprobadas y publicadas en 1723. Sus páginas describen a una sociedad de élite, cerrada a las mujeres, cuyos vínculos están por encima de la familia, la religión y la patria.

La masonería era y es una sociedad compleja, mal conocida a causa de su secretismo, con enorme influencia en los cambios sociales y políticos de la modernidad. Asociación paradójica, de gentes que rechazan las iglesias católicas y se reúnen en capillas oscuras; de varones cultos que recurren a ritos y símbolos esotéricos, a veces satánicos; de liberales que fundan una secta, se integran en logias clandestinas y conspiran para cambiar la sociedad.

La relación entre la masonería y la Revolución Francesa fue más que estrecha, pues (dejando a ilustrados como Voltaire, Diderot, Dalambert, Helvetius…) fueron masones los principales revolucionarios: Mirabeau, Desmoulins, Marat, Danton, Robespierre, Sièyes, La Fayette, Rouget de Lisle, Felipe Libertad de Orleans, el doctor Guillotin, José Bonaparte… La historia muestra desde entonces la participación de los masones en numerosos procesos revolucionarios extraordinariamente cruentos e históricamente decisivos. La Revolución hizo patente la capacidad subversiva de la masonería tanto en Europa como en América. Masones fueron los líderes de la emancipación americana que acabaron con el imperio español: San Martín, Bolívar, O’Higgins, Brown… 

Es muy curioso el caso del masón Simón Bolívar que, una vez en el poder, promulgó un decreto que proscribía “todas las sociedades o confraternidades secretas”: “Tanto en Colombia como en otras naciones, las sociedades secretas sirven especialmente para preparar los trastornos políticos, turbando la tranquilidad pública y el orden establecido; ocultando todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundamentalmente que no son buenas ni útiles a la sociedad.”

El peso de la masonería en los procesos del siglo XIX fue extraordinario. También lo ha sido, durante el XX, en los gobiernos de las principales democracias occidentales y en los regímenes presidencialistas de América. Esa enorme influencia se consigue, en gran medida, por medio de sociedades pantalla cuya estrecha vinculación con la masonería es cuidadosamente disimulada. Se trata de poderosas instituciones políticas, económicas y culturales, con amplia proyección internacional. Entre las que describe el historiador Ricardo de la Cierva: La Sociedad Fabiana y la London School of Economics, el Club Bilderberg, la Tabla Redonda, la Trilateral, el Royal Institute of International affairs, y el Council of Foreing Relations (CFR). En España, la Institución Libre de Enseñanza y su Residencia de Estudiantes, el Grupo PRISA y su diario El País.

El juicio de los Papas sobre la masonería es unánime. Estas explícitas palabras de León XIII lo resumen bien: “Resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo, con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.”

        (En El mundo de las ideologías. Homo Legens, Madrid, 2019)

 

sábado, 24 de enero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (162)

LA EDUCACIÓN EN UN MUNDO RELATIVISTA: 

EL VALOR DE LA PERSONA

 


El principal desafío al que se enfrenta la educación en una sociedad dominada por el relativismo reside en su fragilidad; al carecer de certezas y garantías sólidas, se ve obligada a buscar fundamentos firmes. La causa de esta situación ha sido el desplazamiento de la acción educativa fuera de su núcleo esencial: la persona. 

La naturaleza personal del ser humano se articula en torno a la libertad, que le permite construir su biografía según sus propias elecciones, a diferencia de su biología, que le viene determinada. Así, mientras los seres no personales viven sujetos a determinismos naturales, el ser humano tiene la capacidad de ser dueño de su destino. Como afirmaba Cervantes, el hombre es “hijo de sus obras”, pero puede realizarse o deshumanizarse, por lo que el libre albedrío ha de orientarse al bien. 

Se trata por consiguiente de ayudar al educando a convertirse en una persona responsable de su vida, capaz de incidir positivamente en la realidad y de madurar orientando sus decisiones hacia el bien.

Afirma Jan H. Walgrave que “el ser humano auténticamente libre sabe lo que piensa y posee convicciones sólidas; sabe lo que quiere y permanece fiel a sí mismo. Se muestra fuerte, claro y preciso, no se diluye en la masa ni se deja seducir. Actúa por sí mismo, es dueño de sus decisiones y fiel a sus convicciones e ideales y a su crecimiento personal.”

Pero caracteriza al relativismo actual la disociación y la atomización. La existencia personal y el mundo se presentan como un “puzzle” de infinitas piezas sin modelo, dificultando la construcción de una personalidad coherente y unificada, y de sociedades que contribuyan a la humanización de sus miembros, quedando por consiguiente a merced de la voluntad de los más fuertes o astutos.

Resulta esencial para la educación definir los criterios en torno a los cuales se estructurará la visión de la realidad, que es la base para la formulación de juicios de valor, así como disponer de un modelo conceptual humanizador que posibilite una síntesis positiva de valores. La escuela debe proporcionar saberes y habilidades, pero también significados.

El auténtico fin de la escuela será entonces ayudar al educando a configurar referentes que le permitan interpretar la realidad, revisando los modelos conceptuales implícitos y explícitos en la enseñanza de las distintas áreas del conocimiento. Sin tales referentes, el alumno podrá acumular conocimientos, pero esta acumulación no bastará para alcanzar una comprensión profunda del mundo y de la vida, ni para orientarse en lo relativo al bien y al mal. 

Esto implica la primacía de la verdad sobre la opinión, de la realidad sobre la apariencia, de la reflexión sobre la inmediatez y la espontaneidad, de la voluntad sobre el deseo, del esfuerzo sobre el entretenimiento, y de la interioridad sobre la dispersión sensitiva y emocional.

Una educación comprometida con la humanización debe conducir al educando hacia la mayor perfección posible de su ser persona. Esto solo es posible si las instancias educativas principales -la familia y la escuela- logran fortalecerse frente a la presión de la mentalidad dominante. Esta tarea resulta especialmente difícil, ya que ambas son muy permeables a las vigencias actuales, especialmente si actúan de forma aislada.

(Publicado en el semanario La Verdad el 23 de enero de 2026)

miércoles, 21 de enero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (161)

CONSUMIR NO ES VIVIR

 


            Tras las fiestas navideñas, en las que el mensaje religioso apenas sobresalía entre los brillos de espumillón y alumbrados LED, las compras, los manjares y los regalos, no está de más reflexionar sobre el consumismo y la educación.   

El consumo es sin duda necesario. Se trata de adquirir productos que necesitamos o que de verdad valoramos porque son útiles o hermosos. Pero los intereses a los que sirve una megapublicidad que dispone de recursos impresionantes para trasladar sus mensajes al gran público, fomentan más bien el consumismo, cosa muy distinta, consistente en adquirir objetos de forma irreflexiva para satisfacer necesidades creadas artificialmente.

En el fondo no se trataría de necesidades, sino de deseos, que no son lo mismo. Por ejemplo, tal vez necesitamos unas buenas zapatillas deportivas, pero la publicidad nos sugiere que sólo las de tal marca –que anuncian los campeones... – son las mejores... ¡¡y que no puedes quedarte sin ellas!! Con ello se borra la frontera entre el deseo y la necesidad real.

Lo adecuado sería ajustar el consumo a las necesidades reales de las personas. Pero la publicidad, manejando hábilmente los resortes emocionales, consigue suscitar deseos cargados con gran fuerza de seducción, haciéndonos pensar que si no compramos tal producto no seremos felices, o seremos inferiores a los demás.

            De la mano del consumismo se instaura la “cultura” de un “individualismo gregario” -en expresión de Hannah Arendt-, toda vez que convierte a cada persona en un solitario gozador de bienes (todos iguales) en solitarios abrevaderos individuales (los mismos) para el rebaño. La religión hedonista cuenta con un eslogan que constituye su primer principio ético: “Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas”.

            Una sociedad adicta al bienestar individual como la nuestra suscita la adoración solipsista del propio cuerpo. Aparece un mercado de talismanes milagreros: las clínicas de mejoras estéticas, los alimentos y dietas adelgazantes -contrapeso de los placeres culinarios previamente enaltecidos-, los gimnasios, las prendas que realzan o aminoran, los fetiches eróticos, las mascotas ejerciendo de “perrhijos”, etc., asegurando una felicidad reducida a bienestar corporal y emocional. 

La dinámica del consumismo convierte lo nuevo, lo joven, lo “último”, en criterio de calidad mediante la exaltación de lo efímero: “Esto ya no se lleva...” El consumismo compulsivo de novedades se extiende incluso al mundo de las ideas, los valores y el arte; es la cultura del zapping, del inmediatismo. 

Toda esta suerte de pesticidas contaminantes se filtra hasta los acuíferos de la educación manipulando la personalidad de los más jóvenes. Nos hallamos ante una manipulación que, glosando a Lukács, se lleva a cabo a la vez de forma brutal y refinada. Brutal, negando la existencia de necesidades que no sean las más primarias e induciendo a abandonar el cultivo de bienes no vinculados al consumo. Refinada, porque, sin negar las necesidades superiores, crea la ilusión de que se satisfacen con bienes mostrencos.

            Frente a estos retos educativos, se ha de insistir urgentemente en la necesidad de crear mentalidades críticas en nuestros niños y jóvenes. Si padres y educadores se sitúan frente a esa sociedad consumista con un filtro sólidamente crítico, basado en la austeridad y el sentido común, y con coraje, estarán devolviendo su razón de ser a la educación y sirviendo a la verdadera libertad de las personas.

(Publicado en el semanario La Verdad el 16 de enero de 2026)

martes, 6 de enero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (160)

LOS JÓVENES, LA ESCUELA Y LA PÉRDIDA DE SENTIDO

 


No dejan de sobresaltarnos las noticias tristes de jóvenes afectados por la depresión y por un malestar emocional difícilmente soportable, hasta el punto de caer, en algunos casos -siempre demasiados- en la tentación de acabar con su vida. 

A menudo los motivos vienen del desprecio que sienten por parte de compañeros en el ámbito escolar, en el de las amistades y en el de las redes sociales. Es este un asunto muy preocupante, que delata serias e inadmisibles tendencias egoístas por parte de los agresores y de quienes les aplauden y jalean a menudo, o simplemente, guardan silencio. 

No deja de sorprendernos también la fragilidad emocional tan frecuente, la falta de resiliencia en las víctimas, su soledad y su dificultad para acudir a quien pudiera ayudarles: padres, profesorado, autoridades... 

Pero habría que preguntarse también si la proliferación de manifestaciones neuróticas de la personalidad, sin que medie una amenaza externa explícita, tiene alguna relación con la devaluación del propio ser personal, y ésta, a su vez, con la experiencia de la pérdida de sentido. 

Gianni Vattimo afirma que “Dios muere en la medida en que el saber ya no tiene necesidad de llegar a las causas últimas (...) En esta acentuación del carácter superfluo de los valores últimos está la raíz del nihilismo consumado” (El fin de la modernidad, Barcelona, pág. 17) ¿Proclama con ello sólo la muerte de Dios, o está proclamando la desaparición de todo sentido? Y al hacerlo, ¿no está frustrando la tendencia profunda del ser humano a la búsqueda de un significado, devaluando también a la propia persona hasta la categoría de “valor superfluo”? Un hombre o una mujer sin significado terminan siendo un hombre o una mujer in-significantes.

Este nihilismo se ha convertido no ya en una filosofía de gabinete, sino en una capa de pensamiento que se respira y alienta los modos de vida hasta convertirse en modelos conceptuales, en estructuras mentales, en inconscientes colectivos desde los que se lee la realidad y desde los que se actúa con absoluta “naturalidad”.

A esa pérdida del sentido personal del hombre también ha podido contribuir la escuela, deudora al fin y al cabo de las sensibilidades de su tiempo, en especial de las dominantes. Una escuela que se ha podido dejar fascinar por las distintas novedades que han ido pasando delante de sus ojos: el cientificismo, el tecnologismo, el utilitarismo, el productivismo, el hedonismo, el colectivismo, el individualismo, los mesianismos sociales... Muchos “ismos…” y un mismo horizonte, sin trascendencia vital. En el fondo, una educación envenenada de nihilismo, presentista y que no lleva a ninguna parte.

       Pero la educación va más allá de los procesos meramente instruccionales, movidos por la técnica y la eficacia, y de los procesos de socialización, ideologizados y politizados por lo general. 

Es fundamental y muy urgente tomar conciencia de que la educación es una “periferia” donde un bautizado está llamado a aportar vida y sentido, comprometiéndose de verdad: como docente (profesorado, equipos directivos…), como padre (familia y asociaciones), como alumno (formándose en serio y participando en la representación escolar). Y a reivindicar otra política educativa, fundada en criterios, valores y procedimientos que se correspondan con la condición personal del hombre y con su dignidad, no con señuelos ideológicos proclives a la perversión, la manipulación y el nihilismo.

(Publicado en el semanario La Verdad el 26 de diciembre de 2025)

martes, 23 de diciembre de 2025

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (159)

PAUTAS PARA LA EDUCACIÓN DE ADOLESCENTES

Página 2 | Imágenes de Adolescentes estudiando clase - Descarga gratuita en  Freepik            

            Junto con todo lo anterior, conviene no dejar de lado el aspecto religioso en esta edad. Precisamente ahora se puede entender muy bien el alcance de la experiencia personal de encuentro con Dios. Debemos rezar por ellos, también Dios es su Padre y los quiere. San Ambrosio decía a Santa Mónica cuando ésta pedía ayuda para su hijo Agustín: “Dios no dejará que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.            

    Conviene hacer ver que las normas morales o los mandamientos religiosos no son obstáculos sino formas de potenciar la maduración personal y el respeto por lo que tiene valor, una defensa para los más débiles y una ayuda para caminar a pesar de la propia debilidad. Las normas favorecen el orden (el desorden no conduce a la creatividad sino a la pereza). Decía Paul Claudel que la juventud no está hecha para la mediocridad sino para el heroísmo, y remachaba J. M. Timon-David: “Si al joven se le pide poco no da nada, pero si se le pide mucho da más de lo que se le pide.”

            A veces puede parecer que predicamos en el desierto o que escribimos en el agua, que no nos hacen caso. Pero no es así. Es frecuente que a la oposición típica hacia los padres, siga años más tarde un cambio de perspectiva, cuando se acerca el momento de asumir responsabilidades en la vida –sobre todo familiares-. Aquél referente discutido vuelve a ser punto de referencia a partir del cual los hijos se replantean lo que deben y no deben hacer, y viene el pensamiento: “¿Qué hacían mis padres en esta situación?”, o incluso este otro: “¡Qué razón tenían…!” 

Si aquella referencia existió en su día, la mirada de los que se inician en la edad adulta suele volverse hacia ella; y cuando se recuerda el amor desinteresado, la honestidad, la sinceridad y la coherencia de los padres durante aquellos años difíciles, se vuelve a tener en cuenta… ¡y cuántas veces fructifica! Santa Teresa de Calcuta decía a los padres: «No os preocupéis si vuestros hijos no os escuchan. Os están observando todo el día».

Si hubiera que sintetizar en pocas claves la tarea educadora de los padres hacia sus hijos adolescentes, propondríamos las siguientes:

1ª. Tener idea clara de qué es lo que hace madura a una persona y apuntar siempre en esa dirección, con tacto pero sin claudicar.

2ª. Situarse a su nivel: Necesitan ser comprendidos, respetados, escuchados, tratados paulatinamente como adultos. No convertirse en un aleccionador pertinaz; es mejor el ejemplo paciente.

3ª. Aceptación incondicional de su persona, siendo justos y estimulantes al mismo tiempo con ellos. Nunca descalificar a la persona y que sientan que pueden confiar en nosotros pase lo que pase. Que sepan que pueden volver siempre… estén como estén.

5ª. Evitar las comparaciones, con otras personas o con nosotros mismos.

6ª. Dar razones oportunas de nuestra fe con sencillez ante las requisitorias de los jóvenes, sabiendo que más de una vez pueden reprocharnos nuestras debilidades o incoherencias, y a veces con razón.

7ª. Favorecer su integración en ambientes juveniles sanos, donde diversión, amistad, formación y religiosidad sean vividas de forma natural y entusiasta, y puedan hallar referentes que a menudo se resisten a reconocer en casa.

6ª. Sobre todo: Paciencia, paciencia, paciencia…      

(Publicado en el semanario La Verdad el 19 de diciembre de 2025) 

lunes, 1 de diciembre de 2025

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (158)

CONSEJOS EDUCATIVOS DURANTE LA ADOLESCENCIA 

(CONTINUACIÓN)

 


            Venimos ofreciendo algunas pautas educativas para la educación de los adolescentes. Añadimos algunos consejos más.

·  No se puede educar sin establecer normas. Estas han de llevar poco a poco a los hábitos y a los criterios. Conviene distinguir entre las normas fundamentales, que a todos nos obligan (también al educador), y las secundarias, acerca de las que, llegada la adolescencia, podemos negociar de acuerdo con el grado de responsabilidad mostrado y con las circunstancias. 

            Adolescentes ensimismados que han pasado por una infancia en la que los adultos no han sabido, no han querido o no han podido poner límite a sus deseos y caprichos, son fuente de tensiones, inestabilidad, reacciones agresivas o cerrazón. Acaban llegando a esta época crucial de la vida sin valores humanos y sin la autodisciplina necesaria para la madurez, esa calidad humana que se proyecta en beneficio de los demás y conduce a una vida lograda.

·      Los padres deben anticiparse a la elección de amistades, procurando que desde un tiempo antes frecuenten ambientes conocidos y de confianza, aunque luego haya que respetar la elección de amigos propiamente dicha -a no ser que se aprecien inconvenientes notables, en cuyo caso hay que actuar drástica y prontamente-. 

            Los amigos juegan un papel muy importante en este momento. Por ello los padres deben aconsejar a sus hijos en el tema de la amistad. Es bueno ofrecer criterios acerca de lo que debe ser la amistad, de lo que debe esperarse de un amigo leal y verdadero, y de cómo llegar a serlo. Esta labor se facilita si la casa está abierta desde siempre a los amigos de los hijos. Si apreciamos que su influencia es negativa, hemos de prohibir cuanto antes que mantengan esa amistad. Es preciso advertir que aquí no hemos de juzgar a nadie sólo por intuiciones, gustos personales o por antipatías, sino con datos y razones bien fundadas, puesto que la amistad es uno de los valores fundamentales del adolescente. 

·       Particularmente en la adolescencia media, conviene que padres y educadores fomentemos siempre el optimismo en el joven, que aprenda a ver lo positivo en las situaciones adversas o en los contratiempos, que le transmitamos nuestra confianza en que es capaz de hacer muchas cosas valiosas, a pesar de fallos o de errores; que le impulsemos a la forja de un carácter franco y amable que le haga digno de la confianza ajena, que invitemos a la generosidad y a los nobles ideales. La rebeldía agresiva, si se produce, no se corregirá con autoritarismo sino con paciencia (mucha paciencia), calma, algo de humor y a la vez con una firme coherencia.

·      Es bueno, por ejemplo, que se proponga cada día hacer algo por los demás de manera desinteresada, dejar este mundo mejor de lo que lo ha encontrado, aunque ello suponga sacrificio. Que oriente su rebeldía hacia objetivos, causas e ideales valiosos. 

            Ayudará a esto el sano influjo de un ambiente juvenil donde esto se practique de forma habitual y en el que se le ofrezcan modelos y referentes de conducta, a la vez que un sentimiento de pertenencia y de identificación que le dé seguridad. Los padres deben colaborar para encontrar ambientes sanos donde se puedan integrar sus hijos preadolescentes. Dichos ambientes son fundamentales a la hora de ocupar el tiempo libre de forma adecuada e incluso formativa. 

(Publicado en el semanario La Verdad el 28 de noviembre de 2025)

jueves, 27 de noviembre de 2025

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (157)

EDUCACIÓN EN LA ADOLESCENCIA: 

VALORES HUMANOS

Proteger a la adolescencia: a qué edad empieza, etapas y cambios clave

Continuamos tratando sobre la educación en la adolescencia. Conviene animar desde la infancia a vencer especialmente la pereza, la irreflexión y la inconstancia. 

Es fundamental que el adolescente reflexione sobre lo que ve a su alrededor, cosa que dificulta el mundo digital en que vive, surtido de reacciones emocionales, de prisas y superficialidad. Aunque la familia es fuente de referencias, criterios y pautas de actuación, es un hecho que ha cedido protagonismo a las redes y la pantallas. 

En la familia o en el centro escolar no es bueno darle todo pensado, pero tampoco lo es dejarle sin respuestas, o dar a entender por medio de omisiones o de actitudes de cinismo y desencanto que las respuestas no existen. No es bueno que desde niños “aprendan” en su casa o  de sus profesores -al escuchar sus quejas o comentarios habituales-, que el mundo es una porquería, que nadie hace nada que no sea por su interés, que el trabajo es una maldición, que ser bueno es ser tonto, que el mundo es de los astutos... Nada hay más demoledor que el cinismo y la desesperanza.

Entre los 7 y los 10 años es también un momento propicio para cultivar valores humanos como la fortaleza, la sobriedad y el autodominio: usar el tiempo, el dinero y disfrutar de las propias experiencias según criterios adecuados. Es fundamental que no se tomen decisiones –ni ellos ni nosotros- según el débil argumento: “me gusta-no me gusta”, “me apetece-no me apetece”, “tengo ganas-no tengo ganas”, “lo hacen-no lo hacen los demás”… Y lo es también no desanimarse ante los fallos. 

Para ello, en todo momento ha de valorarse y fomentarse el esfuerzo, la abnegación, la perseverancia, la compasión hacia personas desfavorecidas, y el establecimiento permanente de pequeñas metas personales como actitud habitual, saboreando los logros, ayudándoles a sacar lecciones positivas de los fallos y fracasos. 

Conviene esclarecer al coronar la infancia el concepto de la verdadera libertad, que no es una independencia desvinculada o la afirmación de los apetitos y deseos particulares, sino el dominio de uno mismo, la responsable apuesta por el bien y la capacidad de tomar decisiones de acuerdo con el auténtico valor de las cosas y la dignidad de las personas. Y que el valor de la libertad se mide por la capacidad de compromiso. Es bueno proponer el ejemplo de quienes han actuado así: los héroes, los santos y otros grandes modelos de humanidad, ayudándose para ello, por ejemplo, de la virtualidad pedagógica de los relatos y narraciones.

Es fundamental también que los padres creen desde unos años antes un ambiente familiar de exigencia, lo que incluye horarios fijos de acostarse y levantarse, control del horario de la televisión, de los videojuegos, de las lecturas y de Internet, un horario de estudio personal, no darles más dinero del necesario y comentar de modo natural desde el principio en qué se ha gastado; el cultivo habitual del deporte, evitar la ociosidad y promover la asunción de responsabilidades familiares y domésticas (cuidar de sus hermanos pequeños, encargos o funciones en la casa...) 

Por la misma razón conviene que les facilitemos participar en ambientes extrafamiliares positivos, donde puedan poner en práctica y apreciar estos y otros valores humanos, compartiéndolos con sus iguales, apoyados por formadores capacitados (parroquia, movimientos juveniles, etc.) 

(Publicado en el semanario La Verdad el 21 de noviembre de 2025)