Mostrando entradas con la etiqueta legislación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta legislación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (163)

¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN EL SISTEMA EDUCATIVO?

 


            En ocasiones anteriores ya nos referimos al informe PISA, la prueba educativa más importante del mundo, promovida por la OCDE. En ella se mide la capacidad de los jóvenes de 15 años para aplicar sus conocimientos a la práctica.

            En el último informe, publicado en 2023, España obtuvo sus peores resultados desde el año 2000, cuando se realizó la primera edición. El próximo es el de 2025, cuyas pruebas se aplicaron en la primavera pasada a unos 40.000 alumnos en nuestro país. Sus resultados se esperan en diciembre del 26, incluyendo las habituales competencias troncales de Ciencia, Matemáticas y Lectura comprensiva: 

  • Competencia Matemática: Mide el razonamiento matemático y la capacidad de utilizar conceptos, procedimientos y datos para describir y predecir fenómenos.

  • Competencia Científica: Es el foco central de la edición 2025. Evalúa la capacidad de explicar fenómenos científicamente, interpretar datos y pruebas de forma crítica y evaluar información científica. Se explora también la relación del estudiante con el medio ambiente.
  • Competencia Lectora: Evalúa la comprensión, uso y reflexión sobre textos escritos para alcanzar metas propias y participar en la sociedad.

     Junto a ellas se incorpora en esta edición una nueva competencia: Aprendizaje en un Mundo Digital, así como Lengua extranjera (Inglés), para medir el dominio en comprensión lectora, comprensión oral y expresión oral. También se analizan Factores socioeconómicos (entorno en el hogar y el apoyo familiar) y Actitudes y motivación (interés de los alumnos por el aprendizaje y su bienestar emocional).

Los responsables de la política educativa en España han promovido algunas iniciativas para mejorar los síntomas (programas de lectura comprensiva y razonamiento matemático) pero no la raíz profunda del descalabro de nuestro sistema educativo, empezando por cambios drásticos en la política educativa misma y en la legislación (lastradas por las ideologías que promueven y por una tendencia sistémica a la mediocridad), y siguiendo por el cuidado de la calidad humana y docente del profesorado, así como por las condiciones en las que se obliga a este a desempeñar su labor.

            Recopilando distintos informes y análisis -incluyendo los de la propia OCDE-, se han apuntado algunos retos principales para el sistema educativo español en 2026:

  1. Mejorar la comprensión lectora: Tras los bajos niveles detectados, se busca reforzar la lectura crítica y la capacidad de procesar información en contextos complejos.
  2. Reforzar las competencias en Matemáticas y Ciencias: Se plantea mejorar el razonamiento lógico y la resolución de problemas, áreas que sufrieron caídas significativas en los últimos informes.
  3. Adaptación al mundo digital: PISA 2025 incorpora por primera vez la competencia de "aprender en un mundo digital", lo que obliga a integrar la tecnología no solo como herramienta, sino como parte del aprendizaje significativo. 

Pero ha llamado también la atención que varios expertos hayan propuesto otros dos más, olvidados por la administración educativa, y que van más allá de lo sintomático:

  1. Devolver la autoridad al docente: Es prioritario restaurar el liderazgo y la capacidad de gestión del profesor en el aula para combatir el desinterés de los alumnos y mejorar la disciplina.
  2. Reducción de la burocracia y apoyo a la docencia: Aliviar la sobrecarga administrativa de los profesores para permitirles centrarse en la formación académica, la innovación metodológica y la atención a la diversidad de niveles de aprendizaje, lo que empieza por una interacción personal más estrecha y formativa con el alumnado. 

(Publicado en el semanario La  Verdad el 30 de enero de 2026)

sábado, 21 de septiembre de 2024

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (113)

¿CRISIS DE EDUCADORES?


 

Aunque algunos se empeñan en confiar la mejora del sistema educativo a los cambios legislativos, a metodologías interesantes pero magnificadas, a la incorporación masiva de nuevas tecnologías en las aulas y a una creciente burocracia que acaba siendo asfixiante para los docentes, lo cierto y comprobado es que el factor esencial de toda mejora en educación depende de la buena selección y formación del profesorado. Y -no menos importante- de que haya una activa y coherente colaboración entre los centros escolares y las familias.

Es un hecho contrastado por varios informes internacionales –a partir especialmente de los informes  Mckinsey de 2007 y 2010, y del Estudio TALIS (Teaching and Learning International Survey) de 2013- que los sistemas educativos mejoran si mejoran los profesores. También si mejora la dirección de los centros. 

Con una mala ley -de esto sabemos bastante en España-, si se tienen buenos profesores, pueden llegar a hacerse cosas estupendas; mientras que con una ley buena, si no se tienen buenos profesores, ello resultará imposible. El informe Mckinsey afirmaba que la calidad de un sistema educativo nunca es superior a la calidad de su profesorado.

No es cuestión ya de recursos económicos ni de introducir masivamente las nuevas tecnologías. Más aún, estas, convertidas en prevalecientes, están en tela de juicio por producir efectos negativos para el desarrollo cognitivo, para la maduración moral y para una adecuada socialización. Precisamente en esto la tarea de los educadores sigue siendo insustituible. 

El problema de fondo -no nos cansaremos de insistir en ello- es si sabemos o no a dónde queremos ir al educar. Ello supone una concepción adecuada de la naturaleza humana y del desarrollo personal hacia la madurez -lo que hemos llamado una educación “personalizadora”-. Y esto es esencial tanto en la vocación de educador como en la formación y selección del profesorado.

Por eso no es descabellado afirmar que seguramente lo que padecemos hoy no es una crisis de educación, sino de educadores. 

Desde hace más de una década se venían alzando voces de advertencia acerca de que en los años 20 de este siglo se jubilarían en España unos 300.000 profesores, aquellos que se incorporaron a la docencia en los 80 del siglo pasado. Era preciso -se avisaba ya entonces- pensar con calma y rigor en el proceso de reposición de tales plazas, porque una improvisación en este punto podría convertirse en un acceso precipitado de personas cuya cualificación no estuviera asegurada suficientemente o que concurrieran al mundo educativo simplemente buscando un puesto de trabajo como podría serlo cualquier otro. Y hoy es lo que está pasando en muchos casos, en gran medida por una política educativa de cortos vuelos que solo atiende a la inmediatez y al electoralismo.

Pero hay que insistir en que no es este un problema solo de “recursos humanos” -de orquestar a tiempo una oferta pública de empleo docente, por ejemplo- sino de atender al aspecto más importante de cuantos configuran el sistema educativo: la calidad del profesorado. (Sí, en general saben inglés, y se manejan bien con las TIC, pero no se trata de eso… Hablamos de aquello que decía Santiago Arellano: “vir bonus docendi peritus”, una persona honesta que sabe enseñar.) 


(Publicado en el semanario La Verdad el 20 de septiembre de 2024)