lunes, 2 de marzo de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (167)

Y TODO ESTO… ¿PARA QUÉ?

Desciende un punto y medio el porcentaje de alumnos que asisten a clase de religión  católica

Para que la educación cumpla de verdad su propósito resulta fundamental definir los criterios en torno a los cuales se estructura una visión cabal de la realidad. Esta visión será la base para disponer de un modelo conceptual humanizador y para emitir juicios de valor sólidos. La escuela debe transmitir conocimientos y habilidades, pero también ofrecer significados. 

El verdadero objetivo de la educación es ayudar al alumno a establecer referentes que le permitan interpretar la realidad, revisando los modelos conceptuales implícitos y explícitos en cada área del saber. Sin estos referentes el estudiante podrá, como mucho, acumular información, pero no logrará una comprensión profunda del mundo ni sabrá orientarse en lo relativo al bien y al mal.

El ser humano posee una necesidad radical de sentido, evidenciada en su deseo de felicidad y plenitud, especialmente ante la conciencia de la muerte como horizonte inevitable. La muerte es indudablemente el término de esta vida, pero hay algo en el ser humano que mira más allá y que anhela que el horizonte no sea la nada. La educación no debería eludir la apertura a lo trascendente. 

Escribe Aristóteles en su Ética a Nicómaco: “A pesar de no ser más que hombres, no debemos limitarnos, como quieren algunos, a los conocimientos y sentimientos puramente humanos: ni reducirnos, mortales como somos, a una condición mortal; es preciso, al contrario, que en cuanto de nosotros dependa nos desatemos de los lazos de la condición mortal y hagamos todo lo posible por vivir conforme a lo mejor que hay en nosotros”. 

Pero el caso es que en los últimos tiempos se ha recrudecido en ciertos sectores culturales y políticos el deseo de eliminar las clases de religión del ámbito escolar. Esta pretensión se traduce en un acoso constante contra la presencia explícita y confesional del hecho religioso en el currículo educativo.

La estrategia empleada en ocasiones es directa y frontal -partidos que amenazan con denunciar el Concordato entre el Estado y la Iglesia Católica-. En otras se recurre a métodos indirectos: restar valor académico a la asignatura de religión, reducir las horas de impartición, eliminar la asignatura alternativa, denigrar y entorpecer el ejercicio laboral del profesorado de religión... Sería oportuno visibilizar las dificultades y el maltrato que sufre a menudo este profesorado en centros públicos. Cabe recordar que la asignatura de Religión Católica es optativa, nadie está obligado a cursarla si no lo desea.

Este afán hostigador distorsiona tanto el ser como la finalidad de la educación, cuya misión principal es ayudar al alumnado a desarrollarse íntegramente, a adentrarse en la realidad de manera lúcida, responsable y constructiva. La reflexión sobre el “para qué” de la existencia es esencial en el proceso educativo, pues de ella depende la orientación y contenido de la vida personal. 

Las relaciones que cada uno mantiene con Dios, sean cuales sean, se dan en el ámbito más íntimo de la persona, hacia el que el docente debe ser máximamente respetuoso, pero nunca indiferente ni displicente.Negar o ignorar la dimensión religiosa mutila el desarrollo integral del ser humano, ya que sin certezas sobre el fin último de la vida no se pueden establecer criterios sólidos de comportamiento. ¿Por qué he de ser respetuoso en mis juicios y en mi obrar si “da lo mismo”, porque al final “no hay nada”?

(Publicado en el semanario La Verdad el 27 de febrero de 2026)

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