domingo, 21 de junio de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (179)

VALORES HUMANOS Y EDUCACIÓN DEL CARÁCTER


PADRES E HIJOS EN LA ESCUELA. - Centro Davinci

            

        La educación o formación del carácter es, en su versión más consistente, una formación integral -inteligencia, voluntad, afectividad- e integradora, centrada en la persona y articulada a través de la formación en valores humanos o virtudes. 

            La persona cuyo carácter está basado en el cultivo de las virtudes tiene capacidad para autodeterminarse por el bien, de buscar en todo momento la verdad y de contemplar y gozarse en la belleza. 

            La educación del carácter responde a un planteamiento propuesto ya por Sócrates, Platón, Aristóteles y los estoicos, entre otros, que hunde sus raíces en los conceptos de virtud, bien, felicidad y “paideia” (educación, cultura, ciudadanía) que ha impregnado la cultura occidental a lo largo de la historia. A este planteamiento hay que añadir la perspectiva y fundamentación cristiana, basada en la dignidad de la persona y en la que sobresale la primacía del amor, entendido como entrega y servicio al bien de las personas y del bien común. 

            La Psicología cognitiva de segunda generación, que admite el papel fundamental de las emociones, la Psicología Positiva y la Neurociencia aportan fundamento científico a este enfoque o modelo ético-educativo, en el cual el “buen carácter” no se reduce al conocimiento del bien y de la verdad sino que es una orientación íntegra de la persona a los valores más nobles. 

            No somos moralmente buenos por solo razonar moralmente bien, sino que se requiere además obrarmoralmente bien. Para lograr un comportamiento moral es precisa la integración de las capacidades de la persona. Importa la razón, pero también las emociones, saber obrar y obrar bien de hecho, cultivando la dimensión física y la espiritual de la persona, la dimensión individual y la social. La enseñanza, propiamente dicha ha de incluir aspectos cognitivos, emocionales y éticos.

            Hay que contar, como es obvio, con el papel de las familias, que es insustituible, básico y previo a cualquier tarea escolar. Pero es también tarea fundamental del centro educativo la integración del cultivo de los conocimientos y destrezas y la formación de los valores humanos que configuran el “buen carácter”. La organización y el ethos del centro educativo no son neutros ni indiferentes hacia la formación en valores humanos. El clima moral de la escuela es decisivo y debería ser consistente con los valores recogidos en un proyecto educativo orientado a la formación integral de la persona. 

Es responsabilidad de los padres -su derecho y su obligación- asegurarse de que la labor del centro educativo sea coherente con el proyecto educativo familiar. Por ello su elección de centro y su colaboración habitual con este debería tener tal aspecto como fundamental. También es responsabilidad de las familias posicionarse en el ámbito político, a través de todos los cauces posibles y adecuados, con el fin de asegurar que su protagonismo educativo es respetado y asegurado por las autoridades y por la administración educativa. 

Tal vez esta observación parezca utópica, pero habría que preguntase si no se deberá a la negligencia generalizada de nuestra sociedad civil, tan pasiva y servil ante el “pensamiento único dominante”, y a la ausencia de los laicos católicos en la vida pública. Nunca es tarde para reaccionar y organizarse. La visita a España de León XIV también era para recordar estas cosas.

(Publicado en el semanario La Verdad el 19 de junio de 2026)

sábado, 13 de junio de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (178)

LA CONSOLIDACIÓN DEL “BUEN CARÁCTER”


El modelo educativo de la “educación del carácter”, aunque está de actualidad sobre todo en el mundo anglosajón, ahonda sus raíces en una contrastada tradición cultural que, ya desde Platón, destaca las cuatro virtudes llamadas “cardinales”, y las virtudes subordinadas que pueden incluirse en cada una de ellas: 



- Prudencia: honestidad, integridad, humildad, reflexión.

- Justicia: responsabilidad, ciudadanía activa, respeto, compasión, deportividad, amabilidad. 

- Fortaleza: resiliencia, lealtad, esperanza, capacidad de autosuperación, perseverancia y generosidad.

- Templanza: autodominio, paciencia, diligencia, serenidad, equilibrio, gratitud, cortesía y orden.



Es importante recordar que las virtudes son hábitos, es decir disposiciones estables de la persona, las cuales se adquieren en la práctica mediante la reiteración de acciones semejantes, que se orientan al bien propio y al bien común. Son estas disposiciones las que van configurando el carácter (en este contexto podemos hablar también de la personalidad), es decir, el modo de ser y de comportarse de una persona. En esta labor es importante el valor humano de la constancia: “no cansarse nunca de estar empezando siempre”.

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Aunque en la formación del carácter de niños y jóvenes es imprescindible la colaboración congruente entre la familia y el centro escolar, se podría sintetizar a grandes rasgos un programa-tipo para fomentar la consolidación de un buen carácter en los centros educativos:

6 Maneras de favorecer el buen carácter 

en el centro educativo 

 

Ejemplo: los profesores procuran ser un modelo para sus alumnos, esforzándose por vivir con alegría y equilibrio lo que intentan suscitar en sus alumnos.

Explicación: las virtudes hay que explicarlas bien, de acuerdo con una jerarquía adecuada, sirviéndose de ejemplos y casos concretos, aprovechando las oportunidades que ofrece la vida del colegio.

Ambiente y clima positivo: la clase y el centro educativo son una “comunidad ética” -para bien y para mal-. Los profesores tienen un papel fundamental en el mantenimiento de dicha “ética escolar” fomentando en los alumnos responsabilidad, perseverancia, respeto, civismo, generosidad, amabilidad y amistad, entre otros valores humanos. El respeto y la confianza de los alumnos no se logran sólo con las normas escolares; se deben fortalecer las relaciones basadas en el respeto mutuo: mostrándolo, solicitándolo y agradeciéndolo. Es muy importante el estímulo que ofrece siempre el grupo de iguales.

Trabajo bien hecho: consiste en trabajar con esmero, iniciativa, perseverancia y sentido de la responsabilidad, convirtiéndolo en un servicio cualificado. En la actividad y en la convivencia, trabajando junto con otras personas, uno puede aprender de sus errores y mejorarse a sí mismo, también el profesor… 

Solidaridad: Es muy importante transmitir a los alumnos una preocupación sincera por su futuro, a medio y largo plazo, así como por el bien común. Mostrar con ejemplos vividos que lo que se hace, para bien o para mal, tiene repercusión en las demás personas, y que todos dependemos de todos. Se cuenta que cuando Wellington visitó el colegio de sus años de infancia, afirmó: “aquí es donde derroté a Napoleón”.

Expectativas de excelencia: Intentar sacar de ellos lo mejor de sí mismos. Suscitar el deseo de hacer las cosas lo mejor posible. Invitar constantemente a mejorar, animar e inspirar. Comunicar con optimismo que siempre uno puede superarse, hacer más, aspirar a metas más altas cada vez, confiando, con paciencia, en que las alcanzarán.


(Publicado en el semanario La Verdad el 12 de junio de 2026)

miércoles, 3 de junio de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (177)

EL “BUEN CARÁCTER”

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El carácter es el modo de ser que una persona va desarrollando a partir de su temperamento innato por medio de la educación y la interacción con otras personas. Define su manera habitual de comportarse. 

Y así, la educación del carácter pretende ayudar a los alumnos y a los hijos a cultivar la mejor versión de sí mismos; que aprendan a desarrollar sus cualidades de manera integradora y positiva. En definitiva, formar hombres y mujeres en quienes se pueda confiar. 

 William J. Bennet y su grupo de investigación describen ocho grandes fortalezas del buen carácter: 



1. Ser una persona que aprende de la vida y tiene un pensamiento crítico (basado en criterios solventes) acerca de los acontecimientos que suceden en la vida.

2. Ser reflexivo, plantearse si lo que sucede es bueno o malo, si se debe hacer o no. Dar importancia al valor moral de lo que hacemos.

3. Ser diligente, capaz de ejecutar con rapidez lo que uno ha decidido que debe hacer.

4. Ser una persona que actúa de manera honesta, respetuosa y responsable.

5. Ser una persona disciplinada, en la que se aprecia un notable autodominio personal, no determinada por las circunstancias y los apetitos y que sigue una forma de vida saludable en todos los aspectos.

6. Ser una persona abierta, sociable y emocionalmente equilibrada.

7. Ser miembro activo y positivo en los ámbitos de convivencia social a los que se pertenece, colaborando en ellos de manera responsable y con iniciativas valiosas.

8. Ser una persona con valores sólidos y estables, o virtudes, que busca y tiene en cuenta su propósito en la vida, en el marco del bien común.



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Una persona con un carácter sólido y valioso es la que ha ido configurando una serie valores humanos:

Propios de la inteligencia: Reflexionar antes, durante y después de actuar. Habilidad para comprender una situación, decidir, elegir algo por ser bueno (no por ser apetecible). Es lo que caracteriza a la prudencia o sabiduría práctica.

Propios del corazón: Desarrollo de sentimientos y emociones morales, empezando por el amor a lo bueno y la aversión a lo malo, la aspiración a lo mejor; además de la capacidad de empatizar y convivir con los otros. A grandes rasgos es lo que Aristóteles llama magnanimidad, grandeza de alma.

Propios de la acción: Deseo de hacer lo que se debe, tras considerar los hechos y circunstancias relevantes. Fortaleza y resiliencia. Llevar a la práctica lo que uno sabe que debe hacer: Compromiso, diligencia, responsabilidad, paciencia y constancia. 

Cuando una persona tiene un buen carácter, se espera que posea ideas claras, criterios sanos a la hora de hacer algo, que quiera hacerlo y que luego lo haga porque está motivada para acometer acciones buenas y rechazar las malas, superando las ganas y las desganas, incluso cuando se está sometido a la presión de un ambiente adverso. 

(Publicado en el semanario La Verdad el 29 de de mayo de 2026)