viernes, 20 de octubre de 2017
domingo, 4 de junio de 2017
LO MÁS IMPORTANTE...
PEDJA MIJATOVIC
¿Cambiaría aquel gol por algo? (El 1-0 de la séptima Champions del Real Madrid)
Por la salud de mi hijo que murió hace ocho años. Y no sólo por su vida. Cambiaría todo lo que he conseguido por haberle escuchado decir algo. Porque él, Andrea, era paralítico cerebral, no hablaba, no caminaba, no se comunicaba... Lo habría dado todo por escuchar un "hola, cómo estás". No pudo ser.
Decía Kevin Keegan que «el
asunto más difícil es encontrar algo para reemplazar al fútbol, porque no hay
nada». ¿Es tan grande el vacío de después?
Depende cómo seas. Yo en los
años más bonitos de mi carrera viví la enfermedad de mi hijo. En esos momentos
en los que crees que incluso puedes volar, cuando te sentías poderoso y notabas
el calor de toda la gente, mi hijo siempre tenía crisis. Muchos días y noches
en el hospital. Eso ha sido un contrapeso mío. Yo me decía: «No eres nadie, ya
ves que no eres nadie, no puedes hacer nada para que tu hijo mejore». Te
preguntas: «¿Quién eres?». Y la respuesta es nadie. Mi hijo ha tenido una
misión en mi vida. La de salvar a su padre. Piensas que eres Dios y en realidad
no eres nadie.
Entrevista de Pedro Simón. 3 junio 2017.

martes, 17 de enero de 2017
LA FILOSOFÍA COMO HERRAMIENTA DE LIBERTAD
LA FILOSOFÍA COMO HERRAMIENTA DE
LIBERTAD
Un amigo me hace saber que el
periódico inglés The Guardian acaba de publicar una profunda y
necesaria reflexión de Charlotte Blease sobre la utilidad de la Filosofía en
tiempos en los que los empleos empiezan a automatizarse y el conocimiento a
devaluarse. Tiempos en los que el ser humano necesita redescubrir el
pensamiento flexible y bien fundado para evitar la catástrofe.
“Y
eso comienza en la escuela”, dice Blease, quien se apoya en la siguiente opinión
del presidente de Irlanda, Michael D. Higgins: “El estudio de la Filosofía es
una de las más poderosas herramientas que tenemos a nuestra disposición para
enseñar a los niños a actuar como sujetos libres y responsables, en un mundo
cada vez más complejo, interconectado e incierto”.
“La
Filosofía en las aulas –dice Higgins— ofrece el camino al humanismo y a
la construcción de una vibrante cultura democrática”.
Ya
en 2013, cuando Irlanda batallaba contra los efectos colaterales de la crisis
financiera, Higgins lanzó una iniciativa en todo el país llamando a debatir qué
era lo que los irlandeses valoraban como sociedad. El resultado, apunta
Blease, fue que, por vez primera, la Filosofía fue introducida en las escuelas
primarias.
La
robótica ha pasado de la ciencia ficción al dominio de una gran cantidad de
ocupaciones y empleos que antaño eran solamente posibles contando con la
habilidad humana. Ya en 2013 –señala Blease en su trabajo publicado por The Guardian— un grupo de la Martin
School de la Universidad de Oxford estimó que para 2035, más de la mitad de los
empleos podrían ser sustituidos por “tecnología inteligente”, es decir, por
robots.
Los
niños que hoy están en primaria, mañana entrarán –si tienen suerte—a sitios de
trabajo muy diferentes a los que conocemos nosotros.
Ciertamente
–apunta la autora del ensayo– la Filosofía no es una cura para todos los males
actuales o futuros del mundo. “Pero puede crear inmunidad contra juicios
descuidados y contra no pocas barbaridades”.
Más
adelante se pregunta: “¿Cómo deberían los educadores preparar a los
jóvenes para la vida cívica y profesional en la era digital?”
En
resumidas cuentas –escribe Blease—“necesitaremos gente que esté preparada para
preguntar, y responder, cuestiones que no son googleables, como,
por ejemplo: ¿Cuáles son las ramificaciones éticas de la automatización? ;
¿Cuáles son las consecuencias políticas del desempleo masivo?; ¿Cómo deberíamos
distribuir la riqueza en una sociedad digitalizada…?”
“Como sociedad, necesitamos estar mucho más comprometidos con la Filosofía”,
dice Blease, quien reconoce que la materia es difícil, pero que ayuda a los
niños –y a los adultos—a articular preguntas y encontrar respuestas que no se
hallan fácilmente “o por introspección o por Twitter”.
Y añado, por mi cuenta, la antigua reflexión de Séneca: “Si el marinero no
sabe dónde está el norte, todos los vientos le son adversos”. Una buena parte
de la orientación que nuestro tiempo necesita puede venir sin duda de una
lúcida reflexión filosófica. Y nuestros avispados políticos, opinadores, y
tecnócratas de pacotilla no lo saben. A.J.
lunes, 21 de noviembre de 2016
HACER FILOSOFÍA
El día 17 de noviembre ha sido elegido por la UNESCO como
el Día Mundial de la Filosofía. Es probable que a más de uno, si se le pregunta
por un filósofo de actualidad, le venga a la cabeza eso tan repetido del
“partido a partido”, y cite el nombre del Cholo Simeone. Y ciertamente, esta
“filosofía” de uno de los entrenadores de moda se puede extender más allá de la
competición deportiva y elevarse a categoría de comportamiento universal: Vivir
el momento presente con los pies en el suelo, con esfuerzo y con constancia, con honestidad y
con modestia no deja de ser un gran consejo.
El ser humano o, si se quiere, todo hijo de vecino, hace
muchas cosas a lo largo de su vida: trabaja, va al supermercado, forma una
familia, participa en política o no, se enamora, pinta, escucha música, toma
decisiones… Pues bien,
muchos, cuando reflexionan racionalmente sobre estas actividades, se encuentran
haciendo filosofía sin saberlo.
Recuerdo
la pasión con la que un alumno me preguntaba hace poco por el reciente éxodo de
refugiados que llegan a Europa en estos años recientes. Y que al ofrecerle
algunas razones de tipo económico y político añadió:
-No,
no. Eso es trivial. Lo que me pregunto es por qué el ser humano es capaz de
algo así.
Está bien que la educación al uso cifre su nivel de
calidad en la incorporación de los idiomas o de las TIC, por ejemplo. No
estaría de más que también incluyera la capacidad de plantearse los grandes y
los cotidianos asuntos de la vida y que se reflexionara acerca de su alcance y
su sentido. No basta con encogerse de hombros o con repetir tópicos titulares
de prensa, ni siquiera hacerlo en varios idiomas y en formato digital.
Escribía José Antonio Marina en cierta ocasión que filosofar
es vivir de manera consciente, reflexiva y responsable. Por ello, añadía, necesitamos
luchar contra la estúpida idea de que la filosofía no sirve para nada. Y
concluía que esa supuesta inutilidad era un elogio envenenado que pretendía
enaltecer nuestra actividad poniéndola a salvo de un torpe utilitarismo. Pienso
lo mismo.
Pero, ¿para qué estudiarla, entonces? Creo de veras que
es un deber moral reivindicar la utilidad de la filosofía, su interés personal
y social. Es el gran contraveneno contra elementos tóxicos diversos como el
fanatismo, el dogmatismo, la superstición y la simpleza, entre otros.
Desarrolla a su vez importantes antitoxinas mentales: la capacidad crítica, la
autonomía, la visión de conjunto, la capacidad de hacerse preguntas
inteligentes, la valentía de atreverse a buscar soluciones a esas preguntas.
A
lo largo del tiempo he tenido que replantearme el contenido y el sentido de
esta dedicación. Algunas veces, a la hora de programar y justificar los
objetivos y la metodología de las asignaturas que me tocaba impartir. Otras de
forma algo más inesperada e incluso abrupta. Recuerdo por ejemplo una ocasión
en la que me encontraba explicando en clase la importancia de plantearse el
proyecto de vida personal, y el sentido mismo de la propia vida. De pronto, al
fondo de la clase, se alzó una mano:
–Y
esto, ¿entra en el examen?
A
pesar del desconcierto inicial, tuve reflejos para contestar:
–Claro.
Por supuesto.
A
lo que el muchacho reaccionó incorporándose en la silla y disponiéndose a tomar
apuntes. Afortunadamente…
Es evidente que plantearse el sentido de la propia vida,
o de la vida humana en general, no es cosa que se resuelva contestando a una
prueba de examen al uso. Más allá de la “salida de emergencia” relatada,
Sócrates sugería algo muy juicioso cuando afirmaba que una vida sin examen, sin
reflexión, no merecía la pena ser vivida.
Me viene a la memoria una de mis primeras experiencias
como docente. Acababa de aterrizar en mi primer destino, en una capital del
norte de España. A los dos meses, por el mes de noviembre, me tocó conversar
con una alumna, de 16 años, y le intentaba convencer de que luchara contra su
adicción a una droga dura, a lo cual repuso:
-¿Y para qué voy a dejarlo, si nadie me ha enseñado nunca
nada mejor?
Es verdad que la única respuesta posible no es la que tal
vez pueda buscarse en los libros de filosofía. Pero también lo es que quien
desee comprender y ayudar a un joven que mastica su desencanto se encuentra
haciendo filosofía sin saberlo. No sería bueno que nuestra sociedad les dejara
sin la capacidad de hacerse grandes preguntas y de buscar y hallar las
respuestas. A. J.
jueves, 23 de junio de 2016
PRESENTACIÓN
FORUNIVER,
Foro Universitario de Verano, es una Escuela de valores humanos que pretende suscitar el encuentro
con los valores de sentido –los que pueden llenar el corazón humano-. Se ofrece de nuevo como un ámbito de encuentro y
de amistad en el que se dan cita profesores, alumnos y profesionales de
diferentes campos para reflexionar juntos sobre un tema esencial:
SHAKESPEARE Y CERVANTES ANTE EL DRAMA HUMANO
Shakespeare escudriñó con crudeza los escondrijos del
alma, lo sublime y lo oscuro, La inocencia y las tentaciones, la codicia, las
contradicciones, la complejidad y el laberinto de las pasiones humanas. Su
fascinación por el amor, la venganza, la envidia, la codicia, la intriga y la traición
han hecho ver el corazón humano bajo el imperio del pecado, pero también
manifiestan su ansia incurable de felicidad, que en esta vida no se alcanza más
que de manera fugaz.
La frase de Hamlet "ser o no ser: esa es la cuestión" es conocida en todos los
rincones del mundo como el dilema ante la injusticia que domina la existencia
del ser humano. En un momento de desesperación e incertidumbre el príncipe
danés exclama con dolor: "Morir…, dormir… ¿quién aguantaría los ultrajes y
desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas
del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y
las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno
mismo podría procurar su reposo con un simple puñal?". Ante el triunfo de
la sinrazón la tentación es el suicidio… o la locura.
Lo curioso fue que los sufrimientos descritos por
Hamlet no los padeció el Bardo de Avon, quien tuvo una vida relativamente
cómoda, sino Miguel de Cervantes, que peleó en la guerra como soldado, luchó en
Lepanto donde quedó inútil de su mano izquierda y permaneció cinco años cautivo
en Argel, prisionero de los piratas argelinos. De vuelta en España y a falta del
esperado reconocimiento, ejerció entre penurias como recaudador. Pero al
quebrar el banco donde depositaba las cobranzas, fue metido preso en la cárcel
de Sevilla donde hubo de sobrevivir junto con la suciedad, el infortunio y el
tedio. Mas no con la amargura.
En la cárcel sevillana luce una placa que reza:
"En el recinto de esta casa, antes cárcel real, estuvo preso Miguel de
Cervantes Saavedra, y aquí se engendró para el asombro y la delicia del mundo El ingenioso hidalgo don Quijote de la
Mancha.” La luz se abrió paso entre las tinieblas y los sinsabores.
El preso llevaba semanas con una idea en la cabeza,
con una historia. Con un mundo de historias, más bien. Tenía que llevarlo al
papel o se volvería loco. Loco…
¿Es posible combatir frente a un mundo cruel en el que
triunfa la codicia, donde los pícaros de la más alta y la más baja estofa se
ríen de la virtud, la dignidad humana y la justicia?, ¿con qué armas y
convicciones?, ¿es aún posible la verdad y un amor honesto?... ‘En un lugar de la Mancha…' empezó con decisión, y con decisión
siguió un par de horas hasta que se le acabó la tinta y el sol dejó de iluminar.
Las ideas iban cobrando forma, brotaban las historias y ocurrencias, las
aventuras, las reflexiones… Un sorprendente e ingenioso sentido del humor y una
honda mirada cristiana, dieron calado y figura al prodigio, frontera entre dos
épocas.
No es mucho lo que la historia nos dice de William
Shakespeare y de Miguel de Cervantes, pero de ambos brota una mirada
interrogante y luminosa acerca de lo humano permanente, sus luces y sus
sombras, sus miserias y sus grandezas. Con diferente acento, la paradoja y el
drama de la humana condición se ponen de manifiesto ante nuestros ojos, cuatro
siglos después pero sin haber envejecido. Somos nosotros mismos: vértigo y
éxtasis, ridículo y heroísmo, ideal y torpeza, desengaño y esperanza, sed de
sentido.
martes, 17 de mayo de 2016
FILOSOFÍA Y EDUCACIÓN
FILOSOFÍA
Y EDUCACIÓN
Andrés Jiménez Abad
Catedrático de Filosofía del IES BASOKO. Pamplona.
Mesa Redonda:
“¿Qué podemos hacer hoy con la filosofía?”
PRESENTACIÓN DE LA ASOCIACIÓN NAVARRA DE FILOSOFIA (ANAFIE)
Pamplona, 17 de marzo de 2016.
Muy buenas tardes, arratsaldeon.
Se me ha
encomendado hablar de Filosofía y
Educación, y estaba tentado de añadir: “valga
la redundancia”, porque parto de la convicción de que la sabiduría -el querer saber
que es propio de la filosofía- está en
el corazón de la Paideia.
Educar,
sostenía ya Platón siguiendo en esto el ejemplo de Sócrates, es introducir en la realidad, a diferencia
de lo que sostenían los sofistas, para quienes la educación consistía en el
acopio de conocimientos, algo así como una “educación de supermercado” en la
que uno coge los conocimientos y los datos que le interesan y se los lleva en
su carrito, en su acervo, incluso pagando por ello. Algo de eso tiene, por
ejemplo la actual “titulitis” que hoy padecemos en los ámbitos académicos y que
llamamos también “hacer currículum”.
No podemos ignorar
que vivimos en un tiempo de desorientación acerca de lo esencial. Decía
Einstein que “vivimos en una época de
medios perfectos y de metas confusas”. Pero cuando los medios no se sabe
para qué sirven dejan de ser medios, y se convierten en hechos sin sentido.
Séneca escribía que “cuando el marinero no sabe a dónde de va, todos los
vientos le son contrarios”. Y decía Ortega y Gasset que “hoy lo que nos pasa es
que no sabemos lo que nos pasa”.
Sostenía Platón,
por el contrario, que la educación -o el cultivo de la filosofía, si se quiere-
consiste en “aprender a mirar”, es
decir, en dirigir nuestra capacidad de comprensión hacia lo verdaderamente
importante, a la verdad y no a la apariencia, al bien y no simplemente a lo que
atrae, a la belleza que es el esplendor de lo real. Y aludimos aquí al ámbito
de los fines de la vida.
La enseñanza o el
cultivo de la filosofía consiste también, añado, en “educar para el asombro”: en reconocer, en lo real que nos circunda y
nos constituye, algo que nos sorprende y nos supera, que nos es dado de algún modo, que no hemos
fabricado a capricho y que por lo tanto no debemos ni podemos manipular a
nuestro antojo sin dramáticas consecuencias.
Sin esa mirada
capaz de contemplar y de asombrarse, todo se vuelve banal; al acontecimiento maravilloso
se le llama “casualidad” o simplemente se ignora, y se pierde además la virtud
del agradecimiento. Con una mirada tan miope -incapaz para el asombro- no es
posible tampoco captar la belleza moral e interior de las personas ni conocerse
a uno mismo, que es desde el principio una de las tareas esenciales de la
filosofía.
El asombro nos hace
humildes, modera nuestras pretensiones de autosuficiencia; la capacidad de asombro y de admiración profunda
genera algo tan esencial como el respeto.
Es el sentido del asombro lo que hace que se contemple la realidad con
humildad, agradecimiento, deferencia, sentido del misterio y admiración.
* * *
La filosofía y su
enseñanza o cultivo es un viaje al interior del ser humano (“conócete a ti mismo”) y una búsqueda
del sentido de lo real y de la vida. El viejo aforismo de Delfos nunca ha
dejado de cautivarnos. Kant lo expresaba casi 25 siglos más tarde a través de
cuatro conocidas preguntas: “¿Qué puedo saber?,
¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar? En suma, ¿qué es el hombre?”.
Pero estudiar filosofía, “querer saber”,
“atreverse a pensar”, no es una tarea penosa e inabarcable, sólo reservada
a sesudos especialistas, a mentes enrevesadas o a excéntricos cultivadores de
la abstracción (y ya sé que esta es la percepción que muchos tienen hoy de
ella).
Es, por el
contrario, participar en una gozosa
experiencia, accesible a quienes sean capaces de contemplar y de admirarse.
Sin olvidar que también hay una dimensión práctica, orientada al cultivo
personal y a la transformación creativa y constructiva del mundo.
Estamos hablando de
una inquietud intelectual y moral
(saber mirar la realidad de modo penetrante -desde la propia experiencia-
suscitando preguntas que merezca la pena plantearse) que debemos convertir en nuestras aulas, a través de nuestra labor
docente, en una actitud vital
gratificante, frente a la mirada tantas veces tediosa y conformista de
muchos jóvenes –“¡que no queremos pensar!…”-, o amargada en no pocos “viejos
adultos” que se dicen “de vuelta de todo”. Ocurre que “pensar” es una primera
forma de “compromiso con lo real”. Pero algún os rehúyen toda forma de
compromiso, bien por inmadurez, bien por miedo, bien por comodidad.
La
filosofía en la Educación (secundaria)
El lugar de la
filosofía en la Educación Secundaria, el Bachillerato e incluso en los estudios
superiores, se corresponde con el acercamiento reflexivo a las principales
preguntas que se hace el ser humano. Piaget decía que la juventud es la “edad
metafísica por excelencia”:
-
A los
jóvenes les gusta “tener ideas propias” (es bueno que estas ideas, además,
merezcan de verdad la pena).
-
Adolescencia
y juventud son el momento evolutivo en que las personas empezamos a tener
conciencia de la propia identidad e intimidad.
-
Se
despierta una visión más critica -a menudo radical- de la realidad y de la vida
(persona y social). Es el momento en que algunas palabras se convierten en
ideas, e incluso en ideales: libertad, paz, justicia, igualdad, verdad, amor,
amistad, sentido…
Se trata de no
renunciar a pensar sino de empezar a pensar por sí mismo. Si no se piensa,
no se decide y no se actúa por uno mismo, acaba ocurriendo que son otros los
que piensan, deciden y actúan en lugar de uno mismo. Pero pensar (por ejemplo en la descripción de un fenómeno psicológico,
de una norma de conducta, o en la comprensión de lo que es y no es la
libertad…) es mucho más que sentir u
opinar. Requiere rigor, método y
esfuerzo.
Por todo ello, la asignatura de Filosofía puede considerarse
“algo más que una asignatura”.
Filosofía…
¿de la educación?
Volvamos a nuestro punto de partida. Comparto con García Hoz
que hoy la educación corre el riesgo de convertirse en una suma de actividades
y de aprendizajes inconexos que, en lugar de integrar a la persona, la
desintegran y oscurecen además el horizonte de la vida, debilitando la
capacidad de orientarla en medio de una multitud de solicitaciones.
Una vida cultivada (“paideia”) no es un conglomerado de
actividades diversas, sino una energía unificadora y creativa, fecunda,
capaz de afrontar la realidad y de aportarle incremento.
Convertir esta energía en la formulación y la
realización de un proyecto personal de
vida es seguramente el papel más importante que la filosofía puede llevar a
cabo en el ámbito de la educación.
Muchas gracias.
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