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martes, 9 de mayo de 2023

DIMENSIONES DE LA SEXUALIDAD HUMANA. UNA REFLEXIÓN.

  


         La naturaleza humana -el modo constitutivo de ser del hombre y la mujer- incluye una esencial dimensión biológica, obviamente, pero el cuerpo humano está configurado, más allá de su funcionalidad biológica y de sus condiciones físicas, para cumplir funciones no orgánicas, como el lenguaje, el trabajo o la creación artística, entre otras. En realidad no tengo un cuerpo. Mi cuerpo soy yo (como observaron, entre otros, Gabriel Marcel y M. Merleau-Ponty), aunque no soy solo un cuerpo.  

En el ser humano, en su naturaleza o modo de ser constitutivo, es preciso distinguir, dentro de la unicidad de su vida, dos aspectos inseparables pero que no deben confundirse entre sí: la vida biológica y la vida biográfica. El cuerpo humano participa plenamente de ambas, pero, obviamente, no del mismo modo. 

El cuerpo es, en primer término, un organismo biológico, dotado de una anatomía y una fisiología que hacen posible la supervivencia y la interrelación con el mundo entorno. Pero es también lenguaje y expresión de una realidad interior, específicamente humana, que rebasa lo biológico y pone de manifiesto que la vida humana es también biográfica. Esto es lo que se expresa, por ejemplo, en el dicho popular de que “la cara es el espejo del alma”. 

Pero además, el cuerpo humano, constitutivo y expresión de la persona, hace patente un decisivo modo de ser: es masculino y femenino. Se manifiesta en su constitución sexuada y sexual desde la raíz de su configuración cromosómica y genética, por un lado. Pero al mismo tiempo sirve de cauce a una diferente modalización que, pasando por el dimorfismo morfológico -anatomía y fisiología propias y correlativas en el varón y en la mujer-, modula también el modo de sentir, querer y pensar. Y por eso la persona entera es masculina o femenina. Esta dualidad en el modo de ser persona se ve ahondada significativamente en la generación humana de índole sexual, a la que sirve la diferenciación corporal masculina y femenina.

Ser varón y ser mujer son dos modos diversos de ser persona, ya que la persona entera es afectada por su naturaleza sexuada de mujer o de varón. Desde este punto de vista, la sexualidad no se reduce simplemente a una actividad concreta ordenada a la reproducción y la existencia de unos órganos y una fisiología específica -“lo sexual”-, sino que abarca toda una diversidad de aspectos que hacen que el varón y la mujer, siendo partícipes de una misma naturaleza, sean al mismo tiempo distintos en las diversas facetas de su ser, desde el tono de voz y la manera de andar hasta el modo de expresar la firmeza o la ternura -“lo sexuado”-. 

La persona humana es varón o mujer, en referencia recíproca y complementariedad radical. “Ser varón es estar referido a la mujer, y ser mujer significa estar referida al varón”, escribe Julián Marías. Son como la mano derecha respecto de la mano izquierda; si no hubiera más que manos izquierdas, no serían izquierdas. La persona en cuanto varón es para la mujer, y en cuanto mujer es para el varón, y no sólo en lo relativo a la genitalidad. Ser en el cuerpo varón o mujer significa que la persona humana se ofrece en reciprocidad adecuada a una forma de vida en complementariedad, mediada por la mutua referencia corporal entre varón y mujer, y basada en la libre donación mutua y en la apertura a una comunidad de vida. 

Pero la vida humana, decíamos, es de suyo una realidad unitaria. Y así, dado que en ella existen dimensiones y elementos distintos, es preciso configurarla mediante una adecuada integración.

Conviene, así pues, precisar primeramente cuáles son las dimensiones de la sexualidad humana: 


1) Dimensión biológica.

a.  Dimorfismo sexual -cromosómico, anatómico y fisiológico- ligado directamente a la función reproductiva: complementariedad de los caracteres sexuales.

b.  En la especie humana no existe dependencia total de los individuos con respecto a las pautas de la especie, pero sí una tendencia sensible básica.

c.  Es cauce y expresión de la individualidad y de la intimidad personal.

d.  Su satisfacción es el goce o deleite (bienestar o placer fisiológico).

 

2) Dimensión afectiva:

a. Engloba emociones, sentimientos, necesidades, estados de ánimo, impulsos .

b.  A través de la afectividad se expresan y captan necesidades, actitudes y deseos, y también aspectos interiores de las personas.

c. Enamoramiento: estado de ánimo o sentimiento generalizado de ilusión, de necesidad emocional y de valoración optimista de la persona amada.

d. Su satisfacción constituye el gozo o alegría (bienestar o placer emocional).

 

3) Dimensión personal:

a. Encuentro interpersonal, comunicación: ámbito de intimidad compartida.

b.  Amor personal (conyugal): donación mutua.

c.  Procreación: La donación mutua y la comunión personal se convierten en ámbito de acogida a una nueva persona, el hijo.

d.  Su satisfacción es la felicidad compartida (bienestar o placer espiritual de la comunión amorosa).

e. Toda la dinámica fisiológica y afectiva se hace cauce para el don recíproco de las personas. 

 

            La integración de todas las dimensiones de la sexualidad no es fácil. Es una jerarquía en la que las partes intervienen, se complementan aportando lo que es propio de cada una para dar lugar a lo que es propio de la persona: la unidad de vida para la propia donación en el amor. 

En el ser humano, la corporalidad en su aspecto o dimensión biológica, como venimos diciendo, no es un mero organismo; es también expresión y lenguaje de una realidad interior que se manifiesta a través de gestos, miradas, acciones corporales; es cauce y manifestación de una vida biográfica. Y esto incluye la sexualidad, en la que advertimos las tres dimensiones anteriormente mencionadas.

         Intentar vivir sin contar con nuestra dimensión físico-biológica es intentar romper la unidad constitutiva del ser humano. La ruptura con lo biológico no libera de ataduras, antes bien conduce a lo patológico. 

A su vez, intentar vivir sin contar con la dimensión personal, en la que la sexualidad se convierte en lenguaje, cauce y prueba de la donación amorosa, es, literalmente, despersonalizar el sexo y convertirlo en objeto e instrumento de dominación. El sexo sin amor entre seres humanos es despersonalizador.

Sin embargo, una adecuada subordinación de la dimensión biológica y la afectiva a la dimensión personal no destruye el dinamismo de aquellas, sino que las eleva al darles un sentido que supera sus meras posibilidades, de manera análoga a como la piedra se convierte en cimiento, al espacio que se convierte en hogar, al esfuerzo que se convierte en trabajo, o a la caricia que se convierte en símbolo de cercanía y compenetración entre dos personas. 

Dos personas que se aman de verdad se entregan recíprocamente para compartir lo que son y lo que tienen. Se trata, en definitiva, de saber amar con el cuerpo. La corporalidad del hombre y la mujer es, en su complementariedad, una llamada a la comunión personal. El amor conyugal significa la búsqueda del bien de la otra persona y la entrega a ella a través de la complementariedad sexual.

La sexualidad convertida en expresión de amor personal se hace don de sí mismo para el bien de la persona amada y de la unión íntima -la comunión- de las personas que en ella se significa. Y así, el amor por el que dos personas se entregan recíprocamente para compartir lo que son y lo que tienen da un sentido profundamente humano al diálogo sexual.

Una vida sexual madura consiste fundamentalmente en vivir armónica y profundamente toda la potencialidad del amor conyugal, como donación mutua, en beneficio común y en apertura a la vida.

Niños y jóvenes necesitan ver a su alrededor gente como ellos o cercana a ellos  (personas de referencia) que siguen formas de vida equilibrada y generosa, que saben querer de verdad y que son verdaderamente felices.

Sin esta fuerza moral, que brota de la relación personal concreta, es difícil creer que se puede vivir así. Por eso es tan esencial la función educadora de la familia: lo que uno ha vivido y experimentado adquiere la certeza de lo irrefutable.

Andrés Jiménez Abad.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

SEXUALIDAD: DEL CUERPO A LA PERSONA (II/III)


SEXUALIDAD: DEL CUERPO A LA PERSONA (II/III)
Amor y sexualidad humana

            Venimos diciendo que la persona entera es afectada por su naturaleza sexuada de mujer o de varón.  La vida humana, por otra parte, y de forma radical, es una realidad unitaria, porque es radicalmente la vida de un sujeto individual, que luego se enriquece operativamente por medio de sus relaciones cuando éstas son equilibradas, sinérgicas, creativas. 

      Pero como en la naturaleza humana existen dimensiones y elementos distintos, es preciso configurar la propia vida y la personalidad mediante una adecuada integración de aquéllas. Como en otros aspectos de la realidad, la integración y unidad de lo diverso es lo que llamamos orden o jerarquía.

Y lo mismo que ocurre con el resto de las dimensiones y estratos de la personalidad humana, la integración de todas las dimensiones de la sexualidad no es fácil. Es una jerarquía en la que las partes se complementan y ayudan mutuamente aportando lo que es propio de cada una para dar lugar a lo que es propio de la persona: la unidad de vida para la propia donación en el amor.

La unidad y el equilibrio personal implican una ordenación, una jerarquía efectiva, de todas las dimensiones de la sexualidad humana: la biológica, la afectiva y la personal. Las tres son aspectos constitutivos imprescindibles de la naturaleza humana.

La integración/subordinación (en este caso de la dimensión biológica y la afectiva a la dimensión personal) no destruye el dinamismo de los elementos o dimensiones inferiores, sino que los eleva al darles un sentido que supera las posibilidades que tienen por separado: como la piedra que se convierte en cimiento, el espacio que se convierte en hogar, el esfuerzo que se convierte en trabajo, la caricia que se convierte en símbolo de cercanía y compenetración entre dos personas. La subordinación de todas las dimensiones de la naturaleza humana a la dimensión estrictamente personal tiene lugar de forma culminar en el amor de oblación. El amor hecho donación de sí mismo da sentido profundamente humano al diálogo sexual.

Si, por el contrario, no se produce esta integración de forma adecuada, cada dimensión tiende a desentenderse de las otras dos y a absolutizarse, llevando a una relación desordenada, en la que siempre sale perjudicado el valor de la sexualidad como realidad personal y, en suma, la persona como tal.

Magritte: El beso

DIMENSIÓN BIOLÓGICA
a)  Dimorfismo sexual, ligado a la función reproductiva: complementariedad
b)  En la especie humana no existe dependencia total de los individuos con respecto a las pautas de la especie, pero sí una tendencia sensible básica
c)   Aunque no están encadenadas al instinto, es indiscutible la relación constitutiva entre la anatomía y la fisiología sexual, y la anatomía y la fisiología de la reproducción entre los seres humanos.
d) En el ser humano, lo biológico, la corporalidad, es además cauce y expresión de la individualidad y de la intimidad personal –esto lo más característico de la naturaleza humana como tal-.
e)   Su satisfacción es el goce o deleite (bienestar o placer fisiológico), pero reclama un horizonte de mayor hondura humana. De lo contario se cae en el reduccionismo (el “no ser más que...”) y en una más honda insatisfacción.

DIMENSIÓN AFECTIVA
a)   Engloba emociones, sentimientos, necesidades, estados de ánimo, impulsos
b)    A través de la afectividad se expresan y captan necesidades, actitudes y deseos, y también aspectos interiores de las personas
c)    Enamoramiento: estado de ánimo o sentimiento generalizado de ilusión, de necesidad emocional y de valoración optimista de la persona amada
d)    Es preciso que sirva de motor y cauce a los impulsos fisiológicos, y de propiciador para el encuentro interpersonal personal maduro: (del “te quiero porque te necesito” al “te necesito porque te quiero”, Erich Fromm)
e) Su satisfacción constituye el gozo o alegría (bienestar o placer emocional)

DIMENSIÓN PERSONAL
a) Encuentro interpersonal, comunicación: ámbito de intimidad compartida
b)  Amor personal (conyugal): donación mutua
c)    Procreación humana: La donación mutua y la comunión personal se convierten en potencial ámbito de acogida a un nuevo ser personal
d)   Su satisfacción es la felicidad compartida (bienestar o placer espiritual de la comunión amorosa, gozo en plenitud de vida)
e) Toda la dinámica fisiológica y afectiva se hace cauce para el don recíproco y la unión (comunión) de las personas


Una vida afectivo-sexual madura consiste fundamentalmente en vivir armónica y profundamente toda la potencialidad del amor conyugal, como donación mutua, en beneficio común y en apertura a la vida. Dicha apertura implica a la aceptación del otro -y de uno mismo- en su íntegra realidad constitutiva, que incluye la posible paternidad y maternidad.

La aceptación del otro en la integridad de su ser significa ponerse al servicio de la plenitud y la felicidad a las que aspira y está llamado.

Ambas personas, hombre y mujer, se entregan recíprocamente para compartir lo que son y lo que tienen, y para abrirse al don que reciben gratuitamente como coronación de su donación mutua, convertida en unión firme, en comunidad de vida.

Pero como nadie puede dar lo que no tiene, se precisa como condición previa el dominio de uno mismo. Y este dominio sólo es verdadero cuando se confirma libremente en el obrar lo que uno es y está llamado a ser según su naturaleza constitutiva, mediante un compromiso acorde con esa naturaleza de un ser que es persona.

Sí, al hablar de esa orientación del propio ser al bien, hablamos de lo que los clásicos llamaban virtud. La ética no es en el fondo sino el arte de vivir orientándose hacia el bien. Y esto pasa por poner todas las energías y potencialidades de nuestra naturaleza al servicio de la autotrascendencia en el amor.

 En la vida sexual, muy a menudo, no se tiene en cuenta el aspecto moral, lo cual hace que la sexualidad corra el peligro de despersonalizarse, y en lugar de convertirse en un modo de enriquecimiento humano, queda reducido a un factor de cosificación, de manipulación y de tristeza.

El valor de un te amo depende la profundidad vital de la que emana. Esa profundidad es lo que llamamos la intimidad, que es el núcleo más auténtico y central de la persona. Es es ese ámbito del propio ser en el que el dar prevalece sobre el tener y el recibir. Más exactamente aún, en el que dar es recibir.

Y es que la persona es esencialmente el ser que puede darse sin perderse, que se puede entregar en lo que hace y en lo que dice. Por eso, hay gestos en apariencia pequeños que tienen un extraordinario valor por lo que en ellas hemos puesto de nosotros mismos. Como dice Simone Weil, “las mismas palabras –‘te amo’– pueden ser triviales o extraordinarias, según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad en el ser humano de la que proceden”. 

Fotograma de la película de F. Capra, Qué bello es vivir.

SEXUALIDAD: DEL CUERPO A LA PERSONA (I/III)


SEXUALIDAD: DEL CUERPO A LA PERSONA (I/III)

                            Persona masculina, persona femenina
           
        La persona humana es coesencialmente alma y cuerpo, formando ambas dimensiones una unidad sustancial, un solo ser.
El cuerpo humano es constitutivo de la persona y es su expresión. El cuerpo manifiesta además una modalización decisiva: es masculino o femenino, ya desde su configuración cromosómica y genética. Pero al mismo tiempo sirve de cauce expresivo,  pasando  por  el dimorfismo morfológico y fisiológico correlativo en el varón y en la mujer-, y así uno y otra se expresan como tales a través de su corporalidad distintiva. La corporalidad sexuada modula también el modo de sentir, querer y pensar. La persona entera es masculina o femenina, desde la última de sus células hasta sus expresiones inmateriales y espirituales.
Esta dualidad en el modo de ser persona mostrada por el cuerpo de hombre o de mujer se ve evidenciada y ahondada significativamente en la generación sexual, basada en la diferenciación corporal –anatómica y fisiológica- masculina y femenina.
            Ciertas cualidades decisivas en toda persona madura parecen más peculiares del modo de ser persona masculino y otras del modo de ser persona femenino. Hay, por ejemplo, un modo masculino de ejercer la ternura, distinto en la mujer; del mismo modo que hay un modo femenino de ejercer la firmeza, distinto en el varón. Que exista una cierta inclinación hacia determinadas disposiciones no significa exclusividad en su adquisición y ejercicio. El modo de ser masculino parece más capaz de aportar una tendencia a la exactitud y la racionalización, la técnica, el dominio sobre las cosas, la capacidad de proyectos a largo plazo. El modo femenino de ser persona muestra una mayor espontaneidad para el conocimiento de las personas, la delicadeza y el matiz en el trato, la capacidad de atender a lo concreto, la generosidad, la intuición en el raciocinio, la tenacidad...
Ello no supone un “reparto” de cualidades, y menos aún una distinción de rango o dignidad, sino una predisposición natural a la complementariedad, al respeto y a la ayuda mutua.  No es que existan cualidades masculinas y femeninas, sino un diferente modo de cultivarlas y de mostrarlas, masculino y femenino,  que  induce a la colaboración entre las personas de uno y otro sexo.
La dualidad varón-mujer afecta, así pues, a la persona entera: cuerpo, afectividad, racionalidad, conducta; y por lo tanto también a la cultura y a la vida social, reflejo y objetivación en buena medida de la subjetividad personal.
La persona humana es varón o mujer, en referencia recíproca y complementariedad radical. La persona en cuanto varón es para la mujer, y en cuanto mujer es para el varón. Ser en el cuerpo varón o mujer significa que la persona humana se ofrece en reciprocidad mediante una forma de vida en complementariedad, en convivencia íntima, mediada por la mutua referencia corporal sexuada, pero basada en la libre donación mutua y  en la comunión de las personas.
     Intentar vivir sin contar con nuestra dimensión físico-biológica es intentar romper la unidad constitutiva del ser humano, querer que el cuerpo vaya por un lado y el deseo y la voluntad por otro. Pero la ruptura con lo biológico no libera de ataduras, antes bien conduce a lo patológico, al desequilibrio. De ahí que se quiera fomentar el relativismo moral con el fin de diluir todo lo posible en la percepción subjetiva y social esta realidad.
(Durero: Adán y Eva)