martes, 29 de septiembre de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (184)

PISA: ¿Y AHORA, QUÉ? (I)

 


Cada vez que PISA trae malas noticias, no faltan responsables políticos dispuestos a relativizar el informe, a discutir el termómetro antes que atender la fiebre. Pero sus datos importan precisamente porque permiten comparar, medir tendencias y comprobar si un sistema educativo avanza o retrocede. Con cerca de noventa países evaluados y una metodología sólida, PISA no dicta una sentencia absoluta, pero sí ofrece una señal demasiado nítida como para despacharla con excusas.

Lo ocurrido no debería sorprender a nadie. Desde hace años, los resultados anunciaban un deterioro sostenido y progresivo. No estamos ante un tropiezo coyuntural, sino ante una profecía cumplida. Si se insiste en las mismas recetas, no cabe esperar un resultado distinto. El problema español no es solo que el sistema educativo fracase: es que fracasa después de haber recibido suficientes advertencias.

España aparece ya por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea. Y Navarra, que en 2015 podía presumir de situarse a la cabeza de España, ocupa ahora un lugar mucho más discreto, por decirlo suavemente. La realidad es que nos encontramos en el furgón de cola. La caída ya no se explica solo por la pandemia, las pantallas o el contexto social. Esos factores influyen, sin duda, pero una escuela digna de ese nombre no puede limitarse a reflejar las carencias de su época y menos aún contribuir a ellas: antes bien, debe combatirlas.

Conviene decirlo sin rodeos: los desplomes en comprensión lectora, matemáticas y ciencias no son un accidente estadístico. Guardan relación con decisiones pedagógicas prolongadas y erróneas, con la pérdida de exigencia y con el arrinconamiento de los contenidos, la memoria, el vocabulario y los hábitos intelectuales y morales. Durante demasiado tiempo se ha confundido modernizar la enseñanza con rebajar sus exigencias.

El retroceso en comprensión lectora es quizá el síntoma más revelador. Leer no es solo descifrar palabras: es captar matices, reconocer referencias, manejar un léxico amplio y apoyarse en conocimientos previos. Cuando todo eso falta, el alumno no solo lee peor; piensa peor. Queda indefenso ante cualquier texto exigente y, por extensión, ante cualquier razonamiento complejo. La comprensión lectora, al igual que la cultura del esfuerzo y la perseverancia, son la llave de acceso al conocimiento.

A ese empobrecimiento se suma la llamada “falacia de las competencias”: la creencia de que el “saber hacer” puede separarse del “saber” e incluso priorizarse sobre este. Se ha repetido que lo importante no es conocer, sino aprender a buscar. Pero nadie interpreta bien lo que no entiende, ni razona con solvencia sobre aquello que ignora. Internet puede agilizar la búsqueda y ampliar el conocimiento, pero no puede sustituirlo.

El dato quizás más inquietante es doble: disminuyen los alumnos excelentes y aumentan quienes quedan rezagados. Dicho de otro modo, el sistema produce menos excelencia y más insuficiencia. Por eso la respuesta no puede ser cosmética.

Urge recuperar una escuela centrada en lo esencial: lectura rigurosa, cálculo sólido, conocimientos estructurados, disciplina intelectual y una confianza renovada en la cultura como condición de libertad verdadera. Como ha manifestado Jason Clare, ministro federal de educación de Australia: “Our school systems need get back to basics”. (Nuestros sistemas escolares necesitan volver a lo básico). Lo demás son coartadas. 

(Publicado en el semanario La Verdad el 25 de septiembre de 2026)


miércoles, 23 de septiembre de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (183)

NAVARRA: LA TORRE INCLINADA DE PISA

 


            El Informe PISA (Programme for International Student Assessment), como se ha repetido por doquier recientemente, es un estudio internacional coordinado por la OCDE que evalúa el rendimiento académico de estudiantes de 15 años, desde el año 2000. Navarra ha venido obteniendo los siguientes resultados:

 

PISA 2006. Primer año en el que Navarra participa de forma diferenciada.

 

·       Matemáticas: 498 puntos (España: 480).

  • Lectura: 485 puntos (España: 461).
  • Ciencias: 509 puntos (España: 488).

 

PISA 2009.

 

  • Matemáticas: 511 puntos (España: 483).
  • Lectura: 497 puntos (España: 481).
  • Ciencias: 511 puntos (España: 488).

 

PISA 2012.

 

  • Matemáticas: 517 puntos (España: 484).
  • Lectura: 509 puntos (España: 488).
  • Ciencias: 514 puntos (España: 496).

 

PISA 2015. Navarra alcanza el techo histórico de su rendimiento educativo. Este año UPN sale del Gobierno. 

 

  • Matemáticas: 518 puntos (España: 486).
  • Lectura: 505 puntos (España: 496).
  • Ciencias: 513 puntos (España: 493).

 

PISA 2018. La OCDE detecta anomalías y un "patrón de respuesta inverosímil" en la prueba de Lectura, por lo que retira los datos de Navarra.

 

  • Matemáticas: 503 puntos (España: 481).
  • Lectura: Datos invalidados en el informe general.
  • Ciencias: 492 puntos (España: 483).

 

PISA 2022. Realizada tras la pandemia del COVID-19. 

 

  • Matemáticas: 492 puntos (España: 473).
  • Lectura: 478 puntos (España: 474).
  • Ciencias: 489 puntos (España: 485). 

 

PISA 2025. Hundimiento histórico de Navarra en todas las disciplinas. Sufre una de las caídas más drásticas de España. 

 

  • Matemáticas: 462 puntos (España: 457). Cae 30 puntos respecto a 2022 
  • Lectura: 441 puntos (España: 451). Desplome drástico de 37 puntos.
  • Ciencias: 472 puntos (España: 477). Pierde 17 puntos.

 

       Gregorio Luri, entre otros, habla de una situación de “caída libre”, y destaca entre otras cosas: 


            1) La pérdida de dos cursos escolares: Un estudiante actual de 3º de ESO en Navarra tiene el nivel que mostraba un alumno de 1º de ESO en 2009. 

            2) La inversión de la excelencia por la deficiencia: El alumnado excelente ha caído del 13% al 4%, y el alumnado con resultados deficientes ha escalado del 16% al 26%.

            Todo ello requiere una seria reflexión que realizaremos en próximas entregas.


(Publicado en el semanario La Verdad el 18 de septiembre de 2026)

jueves, 17 de septiembre de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (182)

NECESIDAD DE UNA EDUCACIÓN ALTERNATIVA

 


Quizás no hay mejor momento que al comenzar el curso para preguntarse por la función de la escuela. Las respuestas que se dan a esta cuestión suelen ser tan plurales como las variopintas experiencias de cada cual, las filosofías desde las que se piensa la educación o las ideologías desde las que se pretende utilizarla.

Sin embargo no hay que rehuir la pregunta: ¿Para qué ha de servir la educación? Ocurre que cuando nos negamos a pensar en la finalidad -el para qué- de la educación preocupándonos solo de los métodos -el cómo-, corremos el riesgo de convertir la acción educativa en simple proceso espontáneo. La actividad docente terminará siendo una actividad de “canto rodado” cuya única expectativa será “a ver qué pasa”, puesto que se excluye del pensamiento pedagógico el propósito, la meta a la que dirigir la acción educativa. Añádase el sentir general de las administraciones: “Aquí no vengáis con problemas”.

Preguntémonos pues: ¿A qué causa ha de servir la educación? ¿Qué valores derivarán de esa causa y en qué jerarquía? ¿Cómo ha de ser pensado y proyectado todo el sistema para convertirlo en trayecto verdaderamente educativo? ¿En qué han de coincidir las familias y el sistema educativo?

            En nuestros días, no nos engañemos, son las ideologías las que prevalecen en el escenario cultural, y su sombra se proyecta sobre la educación. En el fondo late la idea del hombre como una variable más del proceso de producción, de la estructura social, del sistema político, de las ideologías de moda y de la lucha por el poder. 

       La respuesta que proponemos, en franca oposición a este escenario, es una educación al servicio de la causa del ser humano -hombre y mujer- como persona. Y la persona no es medio, ni instrumento para la consecución de ningún otro bien o propósito, puesto que es fin y valiosa en sí misma. A pesar de haberse convertido en lugar común, conviene recordar la afirmación de Kant: “En el reino de los fines, todo tiene precio o dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y no admite nada equivalente, eso tiene dignidad”. La persona ni tiene precio, ni es sustituible por nada ni nadie equivalente. Se halla por encima de todo precio. Es sujeto de la máxima dignidad. Ya Séneca decía que “el hombre es sagrado para el hombre”. 

Sin embargo, es preciso dar el paso siguiente: ¿Y por qué? ¿Acaso porque así lo determina el Estado? De hecho, es quien tiene la sartén por el mango… No olvidemos lo que afirmaba Hegel: “El principio primordial de un Estado es que no haya por encima de él ninguna razón, conciencia o sentido del derecho superior a lo que el propio Estado reconoce”. Según eso, no podría equivocarse y ningún criterio o autoridad estaría por encima de sus determinaciones. No habría, en fin, nada sagrado por encima del Estado (y de las voluntades que lo manejan, seamos realistas).

Las familias, corazón de la sociedad civil, no pueden inhibirse. Han de actuar ejerciendo su responsabilidad educativa con sus hijos, lo primero. Pero también participando en los centros escolares, apremiando a los poderes públicos y a los partidos que dicen representarlas. Y, desde luego, con su voto.      

   (Publicado en el semanario La Verdad el 11 de septiembre de 2026)