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sábado, 21 de septiembre de 2024

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (113)

¿CRISIS DE EDUCADORES?


 

Aunque algunos se empeñan en confiar la mejora del sistema educativo a los cambios legislativos, a metodologías interesantes pero magnificadas, a la incorporación masiva de nuevas tecnologías en las aulas y a una creciente burocracia que acaba siendo asfixiante para los docentes, lo cierto y comprobado es que el factor esencial de toda mejora en educación depende de la buena selección y formación del profesorado. Y -no menos importante- de que haya una activa y coherente colaboración entre los centros escolares y las familias.

Es un hecho contrastado por varios informes internacionales –a partir especialmente de los informes  Mckinsey de 2007 y 2010, y del Estudio TALIS (Teaching and Learning International Survey) de 2013- que los sistemas educativos mejoran si mejoran los profesores. También si mejora la dirección de los centros. 

Con una mala ley -de esto sabemos bastante en España-, si se tienen buenos profesores, pueden llegar a hacerse cosas estupendas; mientras que con una ley buena, si no se tienen buenos profesores, ello resultará imposible. El informe Mckinsey afirmaba que la calidad de un sistema educativo nunca es superior a la calidad de su profesorado.

No es cuestión ya de recursos económicos ni de introducir masivamente las nuevas tecnologías. Más aún, estas, convertidas en prevalecientes, están en tela de juicio por producir efectos negativos para el desarrollo cognitivo, para la maduración moral y para una adecuada socialización. Precisamente en esto la tarea de los educadores sigue siendo insustituible. 

El problema de fondo -no nos cansaremos de insistir en ello- es si sabemos o no a dónde queremos ir al educar. Ello supone una concepción adecuada de la naturaleza humana y del desarrollo personal hacia la madurez -lo que hemos llamado una educación “personalizadora”-. Y esto es esencial tanto en la vocación de educador como en la formación y selección del profesorado.

Por eso no es descabellado afirmar que seguramente lo que padecemos hoy no es una crisis de educación, sino de educadores. 

Desde hace más de una década se venían alzando voces de advertencia acerca de que en los años 20 de este siglo se jubilarían en España unos 300.000 profesores, aquellos que se incorporaron a la docencia en los 80 del siglo pasado. Era preciso -se avisaba ya entonces- pensar con calma y rigor en el proceso de reposición de tales plazas, porque una improvisación en este punto podría convertirse en un acceso precipitado de personas cuya cualificación no estuviera asegurada suficientemente o que concurrieran al mundo educativo simplemente buscando un puesto de trabajo como podría serlo cualquier otro. Y hoy es lo que está pasando en muchos casos, en gran medida por una política educativa de cortos vuelos que solo atiende a la inmediatez y al electoralismo.

Pero hay que insistir en que no es este un problema solo de “recursos humanos” -de orquestar a tiempo una oferta pública de empleo docente, por ejemplo- sino de atender al aspecto más importante de cuantos configuran el sistema educativo: la calidad del profesorado. (Sí, en general saben inglés, y se manejan bien con las TIC, pero no se trata de eso… Hablamos de aquello que decía Santiago Arellano: “vir bonus docendi peritus”, una persona honesta que sabe enseñar.) 


(Publicado en el semanario La Verdad el 20 de septiembre de 2024)

domingo, 15 de septiembre de 2024

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (112)

HACEN FALTA MAESTROS

 


Lo más esencial en la tarea educativa, sobre todo en tiempos de crisis, es la presencia y la dedicación del maestro -hombre o mujer-. Del maestro de vida, con o sin títulos -estos a menudo, en los últimos tiempos, nos dan gato por liebre-. Esta es la mayor urgencia del presente en nuestra educación: hacen falta maestros. Uno de ellos, Santiago Arellano, solía parafrasear a los latinos y definía al verdadero maestro como “vir bonus docendi peritus”: una persona honesta que sabe enseñar. 

La primera condición que se pide aquí al maestro es la de ser una persona buena, honesta, alguien cuya vida y criterios se orientan al bien de manera habitual, que busca y ama la verdad y enseña a vivir de acuerdo con ella, que sabe captar la belleza y contagia su contemplación. Vive lo que enseña y enseña lo que vive, y por eso comunica con la mirada, con el gesto, con el trato habitual, tanto si habla de las cosas más extraordinarias como de las más cotidianas y en apariencia insignificantes. Diestro en enseñar porque transparenta entusiasmo y contagia generosamente el amor al bien, a la verdad y a la belleza, porque sabe ganarse la confianza y suscita el asombro, porque acierta, en palabras de Aristóteles, a hacer deseable lo valioso.

Alguna vez hemos evocado una reflexión de Hannah Arendt: en el momento mismo en que un maestro se sitúa delante de sus alumnos -sin necesidad de decir nada todavía- les está diciendo: “el mundo es así”. Y al mismo tiempo cabe añadir que, por el modo en que les trata, les está diciendo también: “así eres tú”. Y es que en la educación el amor precede al conocimiento; ese amor que busca el bien y lo hace atractivo, y que a la vez suscita el deseo de saber, de superarse. “Quiero sacar de ti tu mejor tú”, decía el poeta Salinas.

Tan importantes como la transmisión de los conocimientos -sin duda indispensables-, son los criterios y los referentes de conducta que aporta el maestro, pues desde ellos aprenderá el alumno a comprender, juzgar y actuar. Son las “claves de sentido” que cada profesor aporta en su área respectiva de conocimiento y también el clima de confianza, respeto y estímulo que suscita con su actitud de educador. 

La primera cualidad que ha de adquirir el maestro es la autoridad moral, aquella calidad humana que le hace digno de confianza, que le convierte en “autor” (“augere”, hacer crecer, dar auge), es decir en promotor, impulsor e inspirador del aprendizaje del alumno: “Te miraba y te hacía sentir única”, en palabras de la profesora Maica González Torres. La autoridad, bien entendida, ofrece seguridad al discípulo para desarrollar su autonomía, su responsabilidad, su deseo de aprender, su amor a la verdad, su capacidad de bien. Su libertad.

El maestro auténtico enciende en sus discípulos la pasión por la verdad, el bien y la belleza; les enseña cómo se recorre el camino, pero sabe retirarse a tiempo para no lastrar la marcha. Podría decir: “habré tenido éxito en vuestra educación el día que compruebe que, habiendo madurado, no os acordáis de mí, porque vuestra vida es de tal manera vuestra que camináis solos por un camino recto mirando adelante y no atrás”.


(Publicado en el semanario La Verdad el 13 de septiembre de 2024)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

SEXUALIDAD: DEL CUERPO A LA PERSONA (III/III)


Si la sexualidad -por no estar bien integrada dentro de la totalidad del ser personal- no se pone al servicio de la profundidad del amor humano, acaba por suscitar el vacío emocional y de sentido. La amargura y el desencanto surgen como lógica consecuencia de haber esperado en vano una plenitud imposible. Porque esa plenitud de felicidad anhelada es mucho más que el mero deleite y goce, ya que no se ha profundizado en lo nuclear de las personas.

Un ejemplo: Rubén Darío y Francisca Sánchez


El poeta nicaragüense Rubén Darío ha cantado el más exquisito amor de la forma más exquisita. También en su agitada vida pasó por todas las variantes del espectro amoroso: “plural ha sido la celeste historia de mi corazón”…

Sin embargo, al término de sus días, el vacío y la soledad se apoderan de él. Sorprende que sea una sencilla mujer la que, dejando al margen el hedonismo, la sensualidad y la retórica, venga a rehumanizar un humanismo sin máscara, desvencijado y roto, como lo está el corazón del más sensual de los poetas. Rubén, de vuelta ya de tanto carnaval sin alma, suplica a Francisca su compañía y su compasión.

Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame.
En mi pensar de duelo y de martirio,
casi inconscientemente me pusiste miel.
Multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender.
Enciendes luz en las horas del triste.
Pones pasión donde no puede haber.
Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe.
Hacia la fuente de noche y de olvido
Francisca Sánchez, acompáñame.

            Comenta Santiago Arellano: “La mujer a la que Rubén canta ahora en nada es exótica, ni sensual, ni cosmopolita ni misteriosa ni erudita. Se llama Francisca y su apellido es Sánchez. Cuando la encontró en El Retiro madrileño, era una jovencita analfabeta, ni muy hermosa ni culta. 

         "Los otros poemas eran juego y artificio verbal. Esto otro es vida. Cuando Darío escribe este poema está destrozado en todos los sentidos. Ese “acompáñame” es súplica de un alma en bancarrota, que olvida retóricas y zalamerías y convierte la palabra en sentir. En aquellos poemas escribe el hábil retórico entregado a la voluptuosidad, en éste un hombre sin adorno artificial, ante una mujer de carne y hueso, humilde, sufrida y bondadosa. Es un poema inspirado en la amarga realidad personal. 

        "Una y otra vez confesó el poeta: “plural ha sido la celeste historia de mi corazón”. Sin embargo para cruzar la frontera de este mundo mendiga sin rodeos: 'Hacia la fuente de noche y de olvido / Francisca Sánchez, acompáñame'… " A.J.



sábado, 3 de noviembre de 2012

FORUNIVER DE OTOÑO 2012

FORUNIVER DE OTOÑO


FORUNIVER DE OTOÑO




MORIR… VIVIR

“Morir sólo es morir. Morir se acaba…”
- José L. Martín Descalzo -

                   Burgos,  9-11 de noviembre de 2012
                                información:


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domingo, 19 de febrero de 2012

LAS COMPETENCIAS BÁSICAS: LO VOY A INTENTAR (II)


LA COMPETENCIA MÁS BÁSICA: 

SABER LEER, SABER COMPRENDER (Iª parte)

Aprender a leer la vida, una competencia básica...
No es lo mismo leer que saber leer. Para saber leer es preciso adquirir el hábito lector y comprender lo que se lee, captar más allá de las palabras verdaderas claves de sentido, entre líneas e incluso en los silencios de quien escribe.
Hay en los textos pasajes, descripciones y relatos llenos de sugerencias y de experiencia vivida y por vivir. Hay también silencios en los que resuenan las palabras y que entrañan realidades cargadas de significado.
La lectura de buenos libros es una de las herramientas más útiles y gozosas para la maduración del pensamiento y para la educación de los afectos. La educación en valores tiene también en las narraciones su mejor vehículo didáctico. Saber leer un texto significa analizar su estructura y descubrir sus inferencias patentes o latentes, sus claves, medir su coherencia y su verdad, apreciar si su belleza y su efectividad amplían el horizonte humano. Aprender a leer -en este sentido profundo- es una forma de aprender a pensar y a vivir.
Diferentes indicadores advierten del descenso en la comprensión lectora de nuestros estudiantes y de las dificultades que acarrea tal carencia, tanto para su aprendizaje posterior como para su propio desarrollo personal. Decía Pedro Salinas que si no se emplea la lectura para ensanchar las potencialidades el espíritu, se cae en una paradoja cierta: la de ser “analfabetos que leen... sin saber”.
Las narraciones nos fascinan porque emplean el lenguaje de la vida y nos hacen revivir lo que leemos. Pero también la vida puede ser entendida como una narración. Y lo es. Y, como toda narración, para estar verdaderamente viva, para ser humana, debe ofrecernos –o más bien debemos otorgarle- un sentido humano elevador.
Los autores pueden ser nuestros mejores amigos, cómplices de confidencias y proyectos. Pueden ser también nuestros educadores. Nada tiene de trivial descubrir en la lectura un modo de abrirse al conocimiento del mundo, también al conocimiento del propio mundo interior. “Leemos para saber que no estamos solos” (C. S. Lewis)

Leemos para saber que no estamos solos (C. S. LEWIS)
La competencia lectora
Seguiremos ahora unas reflexiones de Santiago Arellano acerca de la competencia lectora. Vayamos poco a poco:
La lectura es un proceso comunicativo: -alguien trata de decirnos algo acerca de algo, o de alguien con un propósito determinado-.
Es una actividad cuyo objetivo es comprender el contenido del texto (oral o escrito), esto es, saber de qué habla el autor, qué nos dice de aquello de lo que nos habla y con qué intención o propósito lo dice.
Es una actividad orientada a una meta. Su resultado depende de la interacción entre un texto y un lector.
El lector interviene teniendo en cuenta distintos conocimientos, propósitos y expectativas. La naturaleza del texto facilita o complica la comprensión.
La formación en lectura, en su sentido clásico, depende de la capacidad de descodificar textos, de interpretar significantes léxicos y estructuras gramaticales, y de dar un sentido, al menos superficial, a lo escrito.
Para participar efectivamente en la sociedad actual este tipo de formación no es suficiente.
Hoy hay que ser capaz, además, de leer entre líneas, de reflexionar sobre las intenciones de los escritos, de reconocer los recursos utilizados por los autores para transmitir mensajes e influir a los lectores, y de extraer significados a partir de la estructura y del estilo del texto.
Un concepto moderno de formación en lectura descansa en la capacidad de comprender e interpretar una amplia variedad de tipos de texto, poniéndolos en relación con el contexto en el que aparecen.
La preparación o formación en lectura se define como la comprensión, el empleo y la elaboración reflexiva de textos escritos con el fin de alcanzar las metas  propias,  desarrollar el conocimiento y el potencial personal, y participar en la sociedad.


(CONTINUARÁ)

domingo, 29 de enero de 2012

LAS COMPETENCIAS BÁSICAS: LO VOY A INTENTAR (I)

       
        No me estoy pitorreando de las Competencias Básicas, sino que me da cierta aversión que "por imperativo legal" se nos diga qué es lo educable en la persona... Además, quería empezar con un chiste, para motivar un poco la lectura de lo que sigue.
     En realidad, las competencias básicas son algo muy importante. Y si apostamos por ellas hay que entenderlas muy bien.
     Como recordaba Santiago Arellano, una de las personas que mejor ha comprendido por dónde va y por dónde debe ir la educación actual, para Aristóteles la inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica.
         
         Y glosando el Informe Delors, añadía Arellano:
  • El aprendizaje del conocimiento no se opone al aprendizaje por competencias sino que es requisito previo imprescindible. Es un pilar de la educación. Es, en sí, una competencia fundamental.
  • Si se desconoce la teoría o los conceptos elementales es difícil aplicarlos a la vida.
  • Conocimientos mínimos no son "un poquito" de lo mismo.
  • Competencias mínimas, no son "unas poquicas" habilidades para salir del paso.
  • Las competencias son básicas porque no preparan al especialista, sino al ser humano común.
  • El especialista las ha de poseer en sumo grado. Aspira a la excelencia.

Las competencias básicas: ¿una "Misión Imposible"?









...Pero vayamos a lo más esencial. No se trata de una tortura ingente, sino de: 


A) APLICAR LAS METODOLOGÍAS ADECUADAS PARA APUNTALAR LO NUCLEAR DE LAS COMPETENCIAS BÁSICAS

n1º  Las capacidades que constituyen el fundamento esencial para el aprendizaje: la lengua, la lectura y la escritura, el cálculo y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)

n  2º Todas las actividades de aprendizaje se sustentan en la capacidad de aprender a aprender.

n  3º Hay una serie de temas que intervienen en las ocho competencias clave: el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de iniciativa, la resolución de problemas, la evaluación del riesgo, la toma de decisiones y la gestión constructiva de los sentimientos.


B) DEBEMOS CENTRARNOS EN  DOS "COMPETENCIAS CLAVE"


- LA LECTURA

- APRENDER A APRENDER

...Pero de esto toca hablar en otra ocasión, porque: CONTINUARÁ