UN POQUITO DE HUMOR DEL BUENO
lunes, 8 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
70 años de la publicación de El Principito de Saint-Exupèry
"En tu tierra, dijo el principito, los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín... Y no encuentran lo que buscan...
Y sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua...
Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón."
***
"-Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como ya no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué hay que hacer?
-Hay que ser muy paciente..."
***
"-¿Qué significa 'domesticar'?
-Es una cosa demasiado olvidada. Significa 'crear lazos'."
Un enlace a un pequeño trabajo sobre las claves de lectura de El principito:
sábado, 9 de febrero de 2013
LIBERTAD Y AUTODOMINIO
No
es lo mismo necesitar que desear. Pero en un sociedad consumista
no es fácil distinguir ambas cosas; y esto hace más difícil la tarea de educar
el carácter y la personalidad, no sólo de niños y jóvenes, sino también de los
adultos.
La
publicidad, entre otros medios de persuasión, tiende a borrar la frontera entre
la necesidad auténtica y el simple deseo, por intenso que pueda ser.
Un deseo, un apetito, puede obedecer a motivos no siempre necesarios, ser fruto
de una ‘necesidad’ artificialmente creada.
Gracias
a los resortes persuasivos de una publicidad dotada de espectaculares medios de
seducción, se puede asociar un producto –una bebida alcohólica o un perfume de
tal marca, por ejemplo- con la satisfacción de un deseo -tener éxito o
relaciones personales satisfactorias, tal vez-. Consecuentemente, dicho
producto será percibido por el receptor, consciente o inconscientemente, como deseable,
y por lo tanto como ‘bueno’.
Pero
lo que se presenta aquí como ‘bueno’ (apariencia) puede obedecer a una
asociación inadecuada entre el
producto y la satisfacción gozosa y profunda de una necesidad de gran calado e
importancia: para establecer relaciones personales valiosas hace falta algo más
que un estado de ánimo desinhibido o un desodorante (lo que no quiere decir, en
este último caso, que la higiene personal carezca de importancia, por
supuesto).
Es
muy fácil que se produzcan formas sutiles y a veces mostrencas de manipulación
cuando existe la posibilidad de manejar los sentimientos y las reacciones
emocionales de personas masificadas, carentes de lucidez y de fortaleza para
pensar, decidir y actuar por sí mismas; acostumbradas a “hacer como todo el
mundo” y en definitiva, a dejarse llevar por lo que apetece.
Para captar lo auténticamente
valioso
A
este respecto conviene, en primer lugar, promover en los niños y jóvenes la
reflexión pausada, serena y silenciosa, a menudo a partir de experiencias (personales
o ajenas) de las que se pueda extraer una lección para la vida, con el fin de
que aprendan a distinguir lo verdadero y lo aparente, lo importante y lo
secundario, la satisfacción inmediata de los apetitos y el valor del
autodominio.
Pero
a su vez, y en segundo lugar, es preciso adquirir fortaleza para decir “no” a algo que atrae sensiblemente pero que
no es digno o realmente necesario. Sólo quien sabe que ese “no” es en realidad un “sí” a un gozo y a un bien mayores tiene
fuerza para no dejarse persuadir.
La captación eficaz de la diferencia que hay entre el ‘goce’
(externo, superficial, primario, que no llena de verdad) y el ‘gozo’
(íntimo, profundo, permanente, que es fuente de plenitud) no es teórica, sino
que se extrae de la propia experiencia. De
ahí la importancia de una temprana dedicación de niños y muchachos a tareas que
supongan una entrega generosa y abnegada, fuente de satisfacciones personales
profundas, y que se puedan percibir como algo realmente más gozoso que la mera
satisfacción de los caprichos.
Pautas para la educación en el
autodominio
En
un corazón pleno y radiante no hay necesidad de llenar o disimular carencias y
vacíos afectivos. El corazón humano no se llena de verdad con placeres
superficiales ni con bagatelas emocionales. Por lo mismo, no es bueno
incentivar comportamientos por medio de la codicia o la envidia, sino impulsar
a la superación de sí mismo y a la generosidad.
El dominio de uno
mismo se manifiesta en la conducta a través de gestos, actitudes y hábitos de serenidad, equilibrio,
elegancia, responsabilidad. Todo ello es fruto de una capacidad de
abnegación y superación personal por la que una persona se comporta, no de modo
caprichoso, imprevisible y voluble, sino de forma tal que inspira y suscita la
confianza de los demás, que esperan -con cierto fundamento- que se ponga lo
mejor de uno mismo en lo que se hace, y que se actúe del mejor modo posible.
Pero
esa capacidad de superación personal y de responsabilidad no se improvisa, ni
se aprende sólo en los libros. Es fruto del ejercicio constante de pequeños actos de dominio personal, de
vencimiento propio, de negarse a actuar movido por caprichos intrascendentes
o por la propia comodidad. Un modo de actuar fundando en motivos de verdadero
calado: la generosidad, el amor a la obra bien hecha, el deseo de superar
dificultades y resolver problemas, de hacer la vida más agradable y digna para
los demás, etc. William James decía que “no
se puede esperar de una persona que se niegue a hacer algo ilícito si antes no
ha sido capaz de negarse a sí mismo cosas lícitas”.
La
repetición, la insistencia y la constancia -no cansarse nunca de volver a
empezar- consolidan los hábitos y los hacen cada vez más fáciles y
gozosos. Es, en definitiva, el “entrenamiento de una voluntad” y el cultivo de
una personalidad que aspiran a bienes de notable envergadura.
Pero
la mera repetición de hábitos no difiere sin más de una rutinaria
costumbre, a no ser que sea orientada por ideales valiosos, que merezcan
la pena, por valores o metas significativas que impulsan a la superación
personal.
Pero
la educación en valores (o virtudes), decía Tomás de Aquino que no se adquiere
en solitario. La forma más eficaz de aprender a vivir es, afirmaba, por
“connaturalidad”, es decir, conviviendo con personas que actúan
habitualmente de forma virtuosa, viendo cómo viven y tomándolas como referente,
buscando emularlas, aprendiendo de sus experiencias, motivándose al recibir su aprobación.
Con
lo cual venimos a parar a otra condición esencial de la educación del carácter:
la presencia de educadores que enseñan lo que viven y que viven lo que enseñan.
Dicho de otro modo, la condición más importante para la educación en la virtud
es la comunicativa cercanía de maestros de vida. A.J.
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jueves, 7 de febrero de 2013
APRENDER A APRENDER
Aprender a aprender:
Uno de los mejores consejos que pueden acompañar al estudiante, a todos los que se afanan por aprender -y por enseñar-, es:
"NO CANSARSE NUNCA DE ESTAR EMPEZANDO SIEMPRE"
Pero nada ayuda a aprender tanto como el ejemplo, el consejo, la atención y la benevolencia de un maestro, de un educador empeñado en suscitar en el que aprende el deseo de perfección, de engendrar la belleza y el bien y el encuentro con la verdad.
Llegar a amar lo que se hace hasta hacerlo por amor.
Para ambos es necesario cultivar la constancia, la paciencia, la fe en un bien que los supera a los dos, maestro y aprendiz,
y que mueve el deseo más profundo de todo corazón humano.
No dar nada hecho:
animar al que se educa a que lo haga -lo conquiste en dura y paciente lucha- y lo aprenda por sí mismo.
Esperando el amanecer de la propia superación.
Sólo vale lo que cuesta.
No dar nada hecho:
animar al que se educa a que lo haga -lo conquiste en dura y paciente lucha- y lo aprenda por sí mismo.
Esperando el amanecer de la propia superación.
Sólo vale lo que cuesta.
Os dejo, amigos, este enlace: disfrutadlo.
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maestro,
no cansarse nunca de estar empezando siempre,
Paciencia
domingo, 3 de febrero de 2013
LA CONCIENCIA DE CULPA ES UNA FORMA INDISPENSABLE DE LIBERTAD
He aquí un texto provocador e irónico, profundo y a la vez luminoso, de mi admirado Fabrice Hadjhadj. Lo he dividido en dos partes:
1) Sobre la necesidad de sentirse culpable, que es muy sana (cuando es verdadera)
2) Sobre el conocimiento del mal moral (agudísimo texto)
1) Sobre la necesidad de sentirse culpable, que es muy sana (cuando es verdadera)
2) Sobre el conocimiento del mal moral (agudísimo texto)
La peor ceguera es la de quien se niega a reconocer que la diferencia
entre el bien y el mal no es consecuencia del propio deseo.
entre el bien y el mal no es consecuencia del propio deseo.
(Imagen: R. Magritte: Los amantes)
- I -
" La gran consigna es que nadie se sienta culpable. Si no, uno quedaría afectado. Se encontraría uno de golpe con una vida interior. ¿Para qué sirve tal cosa si se trata de trabajar como un burro para que funcione el mercado? ¿A santo de qué ese sentimiento de impotencia radical que me obligaría a abrirme a una Potencia trascendente, cuando lo que hace falta es un ganador, preparado para pisotear a la competencia sin ningún estado de alma? La conciencia de pecado sería un grave obstáculo para la globalización. Lo ralentizaría todo. Conformaría seres demasiado profundos, incapaces de evolucionar con facilidad en una gran superficie. Y además, se correría el riesgo de hacerlos receptivos a la alegría, es decir, poco accesibles a las delicias de la gran distribución comercial. Tenemos tal miedo a "culpabilizar" que dejamos que los corazones se pudran insensiblemente...
Reconocer la propia enfermedad es el comienzo de la salud. Confesar el propio pecado es el principio de la santidad. La conciencia de pecado, lejos de encerrarnos en la tristeza, nos libera para un gozo soberano. No nos repliega sobre nosotros mismos, como el remordimiento, nos abre al otro en la medida en que suplica su perdón. El que permanece en el remordimiento ve su pecado sólo a medias, puesto que lo ve solamente en la penumbra de su orgullo: la emprende consigo mismo, se condena y acaba por colgarse, como Judas. El que está en el arrepentimiento sufre y siente amargamente su culpa, pero entra humildemente en la comunión y en la acción de gracias."
- II -
Fotograma de la película "La lista de Schindler".
En la escena, el protagonista ha tomado conciencia del valor de "cada uno" de los seres humanos a los que ha salvado o podría haber salvado.
"El orgulloso ya no sabe lo que es el orgullo, e incluso llega a creer que es muy humilde. El nazi ya no se da cuenta del horror de los campos de concentración, e incluso está convencido de servir a la humanidad. Puesto que el mal es privación del bien, no podemos conocerlo en profundidad más que conociendo y amando el bien que arruina. Si yo ignoro lo que es la salud, no puedo comprender las devastaciones de la enfermedad. Si no sé lo que es la dignidad de un niño, si no lo amo como es debido, ¿cómo va a ser sensible mi alma al mal que pueda afectarlo? Quien reconoce exactamente al mal como mal es el santo, mientras que el malvado lo desconoce radicalmente, puesto que lo toma como un bien para él. Quien se reconoce como pecador es el penitente, mientras que el pecador que no se arrepiente cree ser mejor que los demás. Sólo a la luz de la misericordia descubrimos realmente nuestro propio pecado. Únicamente en el doloroso despertar de la conciencia moral tomamos conciencia de él."
Tenga usted éxito en su muerte.
Nuevo Inicio, Granada 2011, págs. 281-284
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martes, 22 de enero de 2013
VERDAD Y ESCEPTICISMO
Foz de Arbayún. Navarra.
La verdad descansa en algo tan evidente como que "las cosas son lo que son"
“El pasado verano, dos jóvenes amigos americanos vinieron a mi casa,
cercana a Londres, y juntos discutimos sobre toda clase de cosas. Los dos eran
personas agradables y brillantes y ambos se habían graduado en colleges
de artes liberales de mucha fama. La conversación tomó tales derroteros que,
llegado un momento, armado de valor, pronuncié el dogma de Chesterton: ‘un
cerdo es un cerdo’ y, ante esto, los dos jóvenes respondieron con un huracán de
contradicciones e incluso con rabia. No, yo estaba equivocado: la mente no
puede conocer nada fuera de sí misma y ciertamente no puede clasificar sus
experiencias en un lenguaje esencialista de porcinidad objetiva.
Y todo así. Pero pronto les llegó el momento de irse y comenzaron a
preocuparse por la hora de su tren. Les hice observar, suavemente, que desde el
momento en que no existía un mundo real y cognoscible en cuyo ámbito su tren
pudiera tener existencia objetiva ‘ahí fuera’, su ansiedad estaba fuera de
lugar. Esto les irritó un poco. ‘¿Entonces, no creen realmente en su filosofía
escéptica como para que rija sus vidas?...’
No, era evidente que no creían en ella…”
CHRISTOPHER DERRICK. Huid del escepticismo.
Ed. Encuentro, Madrid, págs. 87-8
Pautas para un comentario:
1.- La verdad es la adecuación e nuestros juicios a la realidad de las cosas. Ahora bien...
- ¿Nuestro conocimiento puede
aportarnos datos acerca de la realidad?
- ¿Puede equivocarse? ¿Cómo podría saberse que nos equivocamos, si no tenemos una idea de lo que es verdadero?
2.- ¿ La existencia del error
hace inalcanzable la verdad?
3.- Que no conozcamos "todo" del todo, ¿impide que podamos conocer algo de verdad?
4.- ¿Conoces alguna verdad
evidente, de la que no se pueda dudar?
sábado, 19 de enero de 2013
Enseñanza de la religión católica: cuestión de Cultura con mayúsculas
Jean Jaurès
Asistimos en España y en Europa, desde hace unas décadas, a una ofensiva contra la presencia de los signos visibles de la religión católica -en particular- en los escenarios públicos, y singularmente en el ámbito educativo.
Se dice, mintiendo -no creo que sea un error, sino más bien un "herror", (de "herrar-herradura")-, que España es un estado laico, y no lo es. Es aconfesional, y una buena parte de sus ciudadanos (y ciudadanas, lo digo por si acaso) no son "laicos" en el sentido de laicistas, y además eligen la formación religiosa en la enseñanza de sus hijos (cosa que no pueden decir otras asignaturas que, o bien son obligatorias, o bien se disuelven por si solas en la indiferencia).
Es de justicia que dejen a los padres elegir. ¿O es que los laicistas tienen miedo a la libertad?
Traigo aquí una carta de Jean Jaurès, que fue socialista ateo, de los fundadores y miembros más destacados del primer socialismo francés, a su hijo.
Como se explica por sí sola, no hago más comentarios. Tan solo que es de justicia, insisto, que haya espacio y libertad para que cada quien elija lo que quiera al respecto, de acuerdo con su derecho. También dejo caer que es preciso revitalizar el auténtico y profundo sentido de la cultura, como "cultivo" del hombre y de lo humano, sin dejar al margen las grandes cuestiones morales y de sentido. Es decir, la Cultura con mayúsculas. A.J.
«Querido
hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por
tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los
condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre
que no tiene convicciones religiosas. Este justificante querido hijo no te lo
envío ni te lo enviaré jamás.
No
es porque desee que seas Clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro
ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor.
Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero,
tengo empeño decidido, en que tu instrucción y tu educación sean completas y no
lo serán sin un estudio serio de la religión. Te parecerá extraño este lenguaje
después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión hijo mío,
declaraciones buenas para arrastrar a algunos pero que están en pugna con el
más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un
conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el
mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una
palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?.
Dejemos
a un lado la política y las discusiones y veamos lo que se refiere a los
conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición.
Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y
de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo
entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del
mundo y produjo una nueva civilización?. En el arte, ¿qué serán para ti las
obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el
motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?.
En
las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo Bossuet, Fenelon, Lacordaire, De
Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones
religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos
estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas
inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar
la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la
moral más sabia y más universal?. Éste es el pensamiento de Juan Jacobo
Rousseau.
Hasta
en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religion: Pascal y
Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la
existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón;
Flammarion se entrega a fantasías teológicas.
¿Querrás
tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?
Hay que confesarIo: la religión está íntimamente unida a todas las
manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es
ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad
el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros
días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: para ser un
joven bien educado ¿es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia?.
Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican
fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en
cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple “savoir-vivre” hay que
convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las
personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo
menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y
la tolerancia, que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni
siquiera presentable, sin nociones religiosas.
Querido
hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás
desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la
libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que
rechazan de ordinario los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos
conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación
religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.
Además,
no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres
de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso
contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la
libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá
esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su
hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.
Recibe,
querido hijo, el abrazo de tu padre.”
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