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miércoles, 4 de febrero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (163)

¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN EL SISTEMA EDUCATIVO?

 


            En ocasiones anteriores ya nos referimos al informe PISA, la prueba educativa más importante del mundo, promovida por la OCDE. En ella se mide la capacidad de los jóvenes de 15 años para aplicar sus conocimientos a la práctica.

            En el último informe, publicado en 2023, España obtuvo sus peores resultados desde el año 2000, cuando se realizó la primera edición. El próximo es el de 2025, cuyas pruebas se aplicaron en la primavera pasada a unos 40.000 alumnos en nuestro país. Sus resultados se esperan en diciembre del 26, incluyendo las habituales competencias troncales de Ciencia, Matemáticas y Lectura comprensiva: 

  • Competencia Matemática: Mide el razonamiento matemático y la capacidad de utilizar conceptos, procedimientos y datos para describir y predecir fenómenos.

  • Competencia Científica: Es el foco central de la edición 2025. Evalúa la capacidad de explicar fenómenos científicamente, interpretar datos y pruebas de forma crítica y evaluar información científica. Se explora también la relación del estudiante con el medio ambiente.
  • Competencia Lectora: Evalúa la comprensión, uso y reflexión sobre textos escritos para alcanzar metas propias y participar en la sociedad.

     Junto a ellas se incorpora en esta edición una nueva competencia: Aprendizaje en un Mundo Digital, así como Lengua extranjera (Inglés), para medir el dominio en comprensión lectora, comprensión oral y expresión oral. También se analizan Factores socioeconómicos (entorno en el hogar y el apoyo familiar) y Actitudes y motivación (interés de los alumnos por el aprendizaje y su bienestar emocional).

Los responsables de la política educativa en España han promovido algunas iniciativas para mejorar los síntomas (programas de lectura comprensiva y razonamiento matemático) pero no la raíz profunda del descalabro de nuestro sistema educativo, empezando por cambios drásticos en la política educativa misma y en la legislación (lastradas por las ideologías que promueven y por una tendencia sistémica a la mediocridad), y siguiendo por el cuidado de la calidad humana y docente del profesorado, así como por las condiciones en las que se obliga a este a desempeñar su labor.

            Recopilando distintos informes y análisis -incluyendo los de la propia OCDE-, se han apuntado algunos retos principales para el sistema educativo español en 2026:

  1. Mejorar la comprensión lectora: Tras los bajos niveles detectados, se busca reforzar la lectura crítica y la capacidad de procesar información en contextos complejos.
  2. Reforzar las competencias en Matemáticas y Ciencias: Se plantea mejorar el razonamiento lógico y la resolución de problemas, áreas que sufrieron caídas significativas en los últimos informes.
  3. Adaptación al mundo digital: PISA 2025 incorpora por primera vez la competencia de "aprender en un mundo digital", lo que obliga a integrar la tecnología no solo como herramienta, sino como parte del aprendizaje significativo. 

Pero ha llamado también la atención que varios expertos hayan propuesto otros dos más, olvidados por la administración educativa, y que van más allá de lo sintomático:

  1. Devolver la autoridad al docente: Es prioritario restaurar el liderazgo y la capacidad de gestión del profesor en el aula para combatir el desinterés de los alumnos y mejorar la disciplina.
  2. Reducción de la burocracia y apoyo a la docencia: Aliviar la sobrecarga administrativa de los profesores para permitirles centrarse en la formación académica, la innovación metodológica y la atención a la diversidad de niveles de aprendizaje, lo que empieza por una interacción personal más estrecha y formativa con el alumnado. 

(Publicado en el semanario La  Verdad el 30 de enero de 2026)

jueves, 29 de enero de 2026

ACERCA DE LA MASONERÍA. UNAS IDEAS GENERALES.


“La Masonería es una institución filosófica, filantrópica y progresista a nivel internacional con alrededor de 300 años de antigüedad cuyo objetivo máximo es estimular el perfeccionamiento moral e intelectual de hombres y pueblos buscando obtener la fraternidad universal”. Así define la Gran Logia de España qué es la masonería.

Fundada en la efervescencia de ideas del siglo XVIII, su objetivo permanente pasa por la secularización de la sociedad mundial. Profesa un sentimiento cosmopolita, fraternal, filantrópico y humanista. En su doctrina se mezclan lo simbólico, lo filosófico y una religiosidad que se remonta a la antigüedad. 

El sentimiento religioso masónico viene a ser un sincretismo coincidente con una religión universal, natural y deísta, cuyo Ser supremo no sería el Dios de la revelación sino el “Gran Arquitecto del Universo”, que pretende ser símbolo del Dios común a todas las religiones. Los masones no han de profesar una confesión religiosa concreta, pero sí han de practicar los principios éticos que constituyen la esencia de la religión natural.  

Fue creada en 1711 por un grupo de pastores protestantes y anglicanos, partidarios de la casa de Hannover y hostiles a la Iglesia católica. La masonería o francmasonería moderna se precia de ser la continuadora de la “masonería  operativa medieval”, si bien dice remontarse a personajes del Antiguo Testamento: Caín, Tubalcaín, Abraham, Moisés, Salomón, Hiram Abif… e incluso a seres diabólicos como Lucifer y Baphomet.

           Imagen de Baphomet

Se argumenta que los hombres no somos capaces de alcanzar la verdad respecto de la persona, e incluso que dicha verdad no existe. La única verdad es la que se revela a los iniciados como fruto de su iniciación y crecimiento a lo largo de los grados de conocimiento y lealtad de la Orden. Los derechos humanos se presentan entonces como el resultado de procedimientos consensuados, que se renuevan indefinidamente: se convierte en una religión, la de los ‘nuevos derechos humanos’, que postula un desarrollo indefinido y sostenible culminante en la deificación del hombre mismo, convertido en autosuficiente. 

Esta ideología, que rechaza el respaldo de un orden moral objetivo, se considera facultada, como ha dicho el filósofo judío Emmanuel Lévinas, para gobernar todo y a todos, y los nuevos derechos humanos así entendidos se convierten en una especie de “religión laica” incuestionable, que se justifica a sí misma y que podemos denominar humanitarismo y laicismo, cuyas “divinidades” paganas son poder, eficacia, riqueza, bienestar y saber. Los ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico de liderazgo moral universal. Ellos, como los ingenieros de una nueva sociedad, diseñan el futuro mundo feliz. Las instituciones que hasta ahora han venido figurando como pantalla y correas de transmisión de la masonería, van dando paso a dos grandes Instituciones mundiales: La ONU y la Unión Europea.

 Michel Schooyans, que ejerció como diplomático de la Santa Sede en la ONU, apunta con agudeza: “Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres física y psicológicamente, su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente. Habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.”

Tres son los frentes, sostiene Schooyans, a través de los cuales la nueva religión de la humanidad -muy cercana e incluso coincidente con la espiritualidad de la New Age- se va abriendo frente en la cultura y en la política: el ecologismo panteísta, el feminismo radical y el neomatusianismo antinatalista. En todos ellos se niega que exista una naturaleza humana, recibida y no construida por el hombre, depositaria y plasmación de un orden moral objetivo previo a la voluntad humana y que está por encima de ella.

Según M. Schooyans, “bajo el disfraz de una responsabilidad compartida, la ONU invita a los Estados a limitar su soberanía. De esta manera Naciones Unidas se presenta cada vez más como un Superestado mundial. Tiende a gobernar todas las dimensiones de la vida, del pensamiento y de las actividades humanas, ejerciendo un control cada vez más centralizado de la información y del conocimiento”. Tras el prestigio de la mayor Organización internacional del planeta se esconden poderosas redes de influencia, y frente a su vocación original de servir a la dignidad de toda persona humana se aprecian estrategias de poder de alcance mundial. 

La minoría dominante, añade Schooyans, está constituida por personas con recursos que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales" más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, el foro de Davos (CFR), la Comisión Trilateral fundada por David Rockefeller o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arroga la misión de planificar y regentar el mundo y tiene bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, expertos, políticos y divulgadores. 

En ausencia de un Estado de contornos visibles por el momento, en el marco de este imperialismo de clase -verdadera Plutocracia-, nadie sabe en realidad quién decide ni quién es el último responsable. El lenguaje y el mensaje es anónimo, pero se impone de manera incontrovertible, como un “pensamiento único” impuesto por la evolución y marcha de los tiempos.

Siguiendo las páginas de El País, sin ir muy lejos, un lector con adecuada formación, experto en los medios de información y alta dosis de sentido crítico, puede descubrir las maniobras, campañas de opinión pública o sucesivas decisiones que unos pocos, en la sombra, adoptan ante la pasividad de unos ciudadanos narcotizados, anestesiados.

De acuerdo con la leyenda rosa difundida con especial empeño por los masones, esta orden no sería una sociedad secreta, sino “discreta”, dedicada a obras filantrópicas y humanitarias y a elevar el nivel moral de sus integrantes y de la sociedad en general mediante el cultivo de la tolerancia y las manifestaciones de la bondad humana. Incomprensiblemente, afirman, habría sufrido la intolerancia agresiva de la Iglesia Católica, y hablando de España, el franquismo la habría visto, con notable paranoia, como un temible enemigo a perseguir ferozmente. Esta persecución que, en efecto, sufrió la masonería del franquismo se ha presentado como una prueba decisiva del carácter bondadoso, inofensivo y tolerante de una sociedad cuyos miembros se reconocen a sí mismos como “hijos de la luz” o “hijos de la Viuda”.

Sin embargo, la lógica más elemental permite ver enseguida la incoherencia entre estas pretensiones y otros rasgos conocidos de la orden, como por ejemplo su intolerancia laicista. Por ejemplo, también, sus juramentos rituales de no revelar jamás, bajo pena de muerte, los “misterios” de la sociedad testimonian una auténtica obsesión por el secretismo.

El efecto más destructivo del humanitarismo masónico estriba seguramente en hacer pensar que la fe en Cristo es estéril, incapaz de suscitar paz, ciencia, justicia, compasión, humanidad, solidaridad, vida. Que Dios -desde los remotos tiempos del Paraíso terrenal- es el enemigo del hombre, del conocimiento y de la libertad. Que la moral no tiene su fundamento en el creador de la naturaleza humana y es sólo un sentimiento de altruismo y de abstracto amor a la Humanidad con mayúscula. Que dicho amor al Hombre y a la Humanidad es más eficaz y progresista que la fe en el Dios de los cristianos.

 

PARA SABER MÁS:

-       AYLLÓN, JOSÉ R.: El mundo de las ideologías. Homo Legens, Madrid, 2019.

-       BÁRCENA, ALBERTO: Iglesia y Masonería. Las dos ciudades. San Román, Madrid, 2016

-       GUERRA GÓMEZ, MANUEL: El árbol masónico. Trastienda y escaparate del Nuevo Orden Mundial. Digital Reasons, Madrid, 2017.

-       SÁNCHEZ, JESÚS: El libro de los masones. La sabiduría prohibida. Amazon,2020.



JOSÉ RAMÓN AYLLÓN:

EL MUNDO DE LAS IDEOLOGÍAS. ILUSTRACIÓN Y MASONERÍA.

 

 La madre de las ideologías fue la Ilustración francesa. Llamamos Ilustración a la gran corriente cultural del siglo XVIII en Europa y América. Su nombre expresa el deseo de ilustrar al pueblo llano. Si la ignorancia es aliada de la miseria y la opresión, conviene tomar muy en serio la educación de los niños y del pueblo en general. Sapere aude!, propone Kant. ¡Atrévete a saber! Este hermoso ideal se corrompió en Francia cuando un puñado de radicales incendió la política y quiso imponerlo por medio de una violencia incontrolada, hasta el punto de hacer de la guillotina el símbolo de su Revolución. 

Antes de la Revolución Francesa, el afán educativo de la Ilustración produjo en Francia la Enciclopedia o Diccionario razonado de las artes, las ciencias y los oficios. Esta obra magna fue publicada en 28 tomos, entre 1751 y 1772, bajo la dirección de Diderot y d’Alembert. Pronto fue reproducida e imitada en toda Europa y América, con su marcada ambivalencia: excelente obra de referencia y máquina de guerra contra la religión; cruzada del conocimiento y gigantesco panfleto. 

Los ilustrados franceses estimaron que su tarea reformadora requería eliminar un obstáculo previo: el cristianismo. No su ética de amor y fraternidad, sino su pretensión de verdad, su teología y la misma Iglesia. Después la luz de la Razón disiparía las grandes masas de sombra y superstición que cubrían la Tierra; la sociedad se ordenaría con un nuevo derecho, ante el que todos serían iguales, sin injustos privilegios históricos. 

Los voluntarios que regresaban de la guerra de independencia de las 13 colonias americanas de Nueva Inglaterra, hablaban de un extraño país democrático donde no había rey, ni corte, ni aristocracia, tan solo ciudadanos y ciudadanas libres e iguales. Era la prueba de que resultaba posible lo que predicaban Rousseau, Diderot y Voltaire. Saltaba a la vista, sin embargo, una diferencia no pequeña: los americanos eran sinceramente cristianos. Así, unos y otros enarbolan la bandera de la libertad, la igualdad, los derechos humanos y la democracia, pero los franceses desatan además el terror de la guillotina y una sangrienta represión contra los católicos de La Vendée, mientras Napoleón siembra los campos de batalla de Europa con millones de cadáveres. 

El optimismo vital es, sin duda, uno de los aspectos más atractivos de la Ilustración, y será alimentado, sobre todo, por Rousseau. Si sus antepasados calvinistas habían afirmado el dogma del pecado original, él defenderá la postura opuesta: la bondad original. Su fe en la naturaleza humana y en la perfectibilidad de la sociedad impresionó a sus contemporáneos y levantó una ola de simpatía en toda Europa. Por desgracia, las atrocidades del Terror revolucionario, entre 1793 y 1794, pusieron de manifiesto lo extravagante de su optimismo y borraron la fe en la bondad esencial del ser humano. Ni siquiera el gran apóstol de la idea de progreso, Condorcet, pudo evitar la guillotina. 

En perfecta simbiosis con la Ilustración, la masonería. Nació como gremio medieval de albañiles en el siglo XII, pero en el XVIII se refundó como sociedad secreta para manejar en la sombra los hilos del poder. Sus numerosos adeptos en sectores intelectuales y aristocráticos crearán una poderosa red de influencias en toda Europa y América, medio fundamental para provocar las revoluciones liberales y los procesos de independencia de los virreinatos hispanos. Entre las fuentes para su estudio son indispensables las Constituciones de Anderson, aprobadas y publicadas en 1723. Sus páginas describen a una sociedad de élite, cerrada a las mujeres, cuyos vínculos están por encima de la familia, la religión y la patria.

La masonería era y es una sociedad compleja, mal conocida a causa de su secretismo, con enorme influencia en los cambios sociales y políticos de la modernidad. Asociación paradójica, de gentes que rechazan las iglesias católicas y se reúnen en capillas oscuras; de varones cultos que recurren a ritos y símbolos esotéricos, a veces satánicos; de liberales que fundan una secta, se integran en logias clandestinas y conspiran para cambiar la sociedad.

La relación entre la masonería y la Revolución Francesa fue más que estrecha, pues (dejando a ilustrados como Voltaire, Diderot, Dalambert, Helvetius…) fueron masones los principales revolucionarios: Mirabeau, Desmoulins, Marat, Danton, Robespierre, Sièyes, La Fayette, Rouget de Lisle, Felipe Libertad de Orleans, el doctor Guillotin, José Bonaparte… La historia muestra desde entonces la participación de los masones en numerosos procesos revolucionarios extraordinariamente cruentos e históricamente decisivos. La Revolución hizo patente la capacidad subversiva de la masonería tanto en Europa como en América. Masones fueron los líderes de la emancipación americana que acabaron con el imperio español: San Martín, Bolívar, O’Higgins, Brown… 

Es muy curioso el caso del masón Simón Bolívar que, una vez en el poder, promulgó un decreto que proscribía “todas las sociedades o confraternidades secretas”: “Tanto en Colombia como en otras naciones, las sociedades secretas sirven especialmente para preparar los trastornos políticos, turbando la tranquilidad pública y el orden establecido; ocultando todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundamentalmente que no son buenas ni útiles a la sociedad.”

El peso de la masonería en los procesos del siglo XIX fue extraordinario. También lo ha sido, durante el XX, en los gobiernos de las principales democracias occidentales y en los regímenes presidencialistas de América. Esa enorme influencia se consigue, en gran medida, por medio de sociedades pantalla cuya estrecha vinculación con la masonería es cuidadosamente disimulada. Se trata de poderosas instituciones políticas, económicas y culturales, con amplia proyección internacional. Entre las que describe el historiador Ricardo de la Cierva: La Sociedad Fabiana y la London School of Economics, el Club Bilderberg, la Tabla Redonda, la Trilateral, el Royal Institute of International affairs, y el Council of Foreing Relations (CFR). En España, la Institución Libre de Enseñanza y su Residencia de Estudiantes, el Grupo PRISA y su diario El País.

El juicio de los Papas sobre la masonería es unánime. Estas explícitas palabras de León XIII lo resumen bien: “Resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo, con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.”

        (En El mundo de las ideologías. Homo Legens, Madrid, 2019)

 

martes, 6 de enero de 2026

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (160)

LOS JÓVENES, LA ESCUELA Y LA PÉRDIDA DE SENTIDO

 


No dejan de sobresaltarnos las noticias tristes de jóvenes afectados por la depresión y por un malestar emocional difícilmente soportable, hasta el punto de caer, en algunos casos -siempre demasiados- en la tentación de acabar con su vida. 

A menudo los motivos vienen del desprecio que sienten por parte de compañeros en el ámbito escolar, en el de las amistades y en el de las redes sociales. Es este un asunto muy preocupante, que delata serias e inadmisibles tendencias egoístas por parte de los agresores y de quienes les aplauden y jalean a menudo, o simplemente, guardan silencio. 

No deja de sorprendernos también la fragilidad emocional tan frecuente, la falta de resiliencia en las víctimas, su soledad y su dificultad para acudir a quien pudiera ayudarles: padres, profesorado, autoridades... 

Pero habría que preguntarse también si la proliferación de manifestaciones neuróticas de la personalidad, sin que medie una amenaza externa explícita, tiene alguna relación con la devaluación del propio ser personal, y ésta, a su vez, con la experiencia de la pérdida de sentido. 

Gianni Vattimo afirma que “Dios muere en la medida en que el saber ya no tiene necesidad de llegar a las causas últimas (...) En esta acentuación del carácter superfluo de los valores últimos está la raíz del nihilismo consumado” (El fin de la modernidad, Barcelona, pág. 17) ¿Proclama con ello sólo la muerte de Dios, o está proclamando la desaparición de todo sentido? Y al hacerlo, ¿no está frustrando la tendencia profunda del ser humano a la búsqueda de un significado, devaluando también a la propia persona hasta la categoría de “valor superfluo”? Un hombre o una mujer sin significado terminan siendo un hombre o una mujer in-significantes.

Este nihilismo se ha convertido no ya en una filosofía de gabinete, sino en una capa de pensamiento que se respira y alienta los modos de vida hasta convertirse en modelos conceptuales, en estructuras mentales, en inconscientes colectivos desde los que se lee la realidad y desde los que se actúa con absoluta “naturalidad”.

A esa pérdida del sentido personal del hombre también ha podido contribuir la escuela, deudora al fin y al cabo de las sensibilidades de su tiempo, en especial de las dominantes. Una escuela que se ha podido dejar fascinar por las distintas novedades que han ido pasando delante de sus ojos: el cientificismo, el tecnologismo, el utilitarismo, el productivismo, el hedonismo, el colectivismo, el individualismo, los mesianismos sociales... Muchos “ismos…” y un mismo horizonte, sin trascendencia vital. En el fondo, una educación envenenada de nihilismo, presentista y que no lleva a ninguna parte.

       Pero la educación va más allá de los procesos meramente instruccionales, movidos por la técnica y la eficacia, y de los procesos de socialización, ideologizados y politizados por lo general. 

Es fundamental y muy urgente tomar conciencia de que la educación es una “periferia” donde un bautizado está llamado a aportar vida y sentido, comprometiéndose de verdad: como docente (profesorado, equipos directivos…), como padre (familia y asociaciones), como alumno (formándose en serio y participando en la representación escolar). Y a reivindicar otra política educativa, fundada en criterios, valores y procedimientos que se correspondan con la condición personal del hombre y con su dignidad, no con señuelos ideológicos proclives a la perversión, la manipulación y el nihilismo.

(Publicado en el semanario La Verdad el 26 de diciembre de 2025)

sábado, 25 de enero de 2025

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (127)

 «APUNTA ALTO. TRABAJA DURO»:  EL ÉXITO EDUCATIVO       DE ESTONIA (I) 

                  

El sistema educativo español, lastrado por una clara ideologización y un igualitarismo engañoso, se ha sumergido en los últimos tiempos en la mediocridad, como atestiguan los informes internacionales. Estonia, en cambio, ha ido escalando hasta el tercer puesto en PISA 2022, tras China y Singapur, y es el país de la OCDE en el que el origen socioeconómico de los estudiantes tiene menos impacto en su rendimiento. Por ello quizás sea ilustrativo destacar las claves que inspiran y mueven la educación en el pequeño país báltico.

Estonia es un ejemplo de cómo, sin disponer de elevados presupuestos, se puede mejorar si se acierta con las verdaderas claves, empezando por la explícita voluntad de mejora y la aplicación de medidas consecuentes. 

Pues bien, lo primero ha sido impulsar un entusiasmo compartido. Se ha establecido un lema que impulsa e impregna el sistema educativo: «Apunta alto. Trabaja duro». Con otras palabras, Buscar la excelencia y apostar por el esfuerzo.

    Sus prioridades han llevado este espíritu a las leyes educativas, a los currículos y a la formación del profesorado, dejando fuera toda pretensión ideológica. Se trata en el fondo de invertir en el potencial humano, de exigir a los alumnos mediante la actitud, exigente también, de un profesorado moral y socialmente prestigiado.

Educar a las personas ha sido la clave del éxito en Estonia. Tras librarse de la ocupación soviética y partiendo de una situación económica precaria, apostó por la educación. La nación cuenta con una arraigada historia en la que las escuelas son el núcleo en torno al cual se desarrollan las comunidades. El sistema educativo ha evolucionado a partir de un planteamiento de base comunitaria, a diferencia de muchos países en los que el Estado ha sido el principal artífice. 

En Estonia, «enseñanza centrada en el alumno» significa que los alumnos reciben la educación más eficaz posible. Las responsabilidades educativas no emanan del poder del Estado sino de las pequeñas comunidades locales y regionales; las decisiones se toman lo más cerca posible de los estudiantes. Lo que el profesor pueda decidir en materia educativa debe ser decidido por él, como la compra de libros o el recurso a la tecnología o a la inteligencia artificial. Otras decisiones recaen en el director, luego en las autoridades locales, después en la región y finalmente en el Estado. Las decisiones concretas se toman predominantemente de abajo a arriba, en lugar de ser dictadas desde el poder central. Este enfoque permite a los educadores adaptar los métodos y herramientas pedagógicos a sus necesidades específicas en lugar de esperar las órdenes y los recursos del ministerio. 

Las metas están determinadas por un ambicioso plan de estudios y por los niveles de exigencia compartidos por el profesorado y las familias: «Apunta alto. Trabaja duro»... El currículo es explícito en requerir que los padres apoyen el aprendizaje de sus hijos. El nivel general viene dado por dos pruebas de nivel en 4º y 7º curso y por exámenes nacionales al acabar el 9º y Bachillerato.

La transformación tecnológica ha tenido un importante papel, pero siempre en función de las personas y de las decisiones del profesorado, no de la planificación estatal, que se rehúye por sistema, sobre todo tras la experiencia de los años bajo la ocupación soviética. 

(Publicado en el semanario La Verdad el 24 de enero de 2025)

miércoles, 7 de junio de 2023

¿PARA QUÉ SIRVE LA VERDAD?


 

Un autor contemporáneo llamaba no hace mucho la atención sobre un hecho algo llamativo: “Los filósofos, decía, han sido siempre unos ciudadanos mal mirados en la ciudad. Nunca se ha sabido exactamente qué hacer con ellos... Por eso unas veces se los ha enviado al exilio por carencia de trabajo para ellos y otras por el contrario se les ha encargado el gobierno de la polis.”(1)  Claro que “esto último era pensable en tiempos en que (...) a la verdad se le confería un peso de realidad discernible.(2)       

Sin embargo, como ha escrito Xabier Zubiri, “hoy estamos innegablemente envueltos en todo el mundo por una gran oleada de sofística”.(3) Para el gran metafísico español, la sofística quiso “formar a los nuevos hombres de Grecia desentendiéndose de la verdad.”(4) Y no es exagerado afirmar  que “como en tiempos de Platón y de Aristóteles, también hoy nos arrastran inundatoriamente el discurso y la propaganda”. (5)

 Y ello hasta extremos de magnitud incalculable, puesto que los logros y posibilidades de nuestro desarrollo tecnológico hacen que el poder económico-político se extienda hasta absorber todas las esferas de la cultura, es decir, de la conciencia que el ser humano posee de sí mismo y de su lugar en el mundo. 

En este sentido decía Guardini que la cultura es una “imagen existencial humana” y que “para medirla, no bastará sólo preguntar qué consigue, sino también que se hace en ella del hombre”. (6)

            Pues bien, la filosofía es la pregunta a un tiempo racional, radical y global que, a decir de Hegel, lleva a pensar el propio tiempo. No es exagerado observar que el nivel de humanidad de una época puede medirse por las reflexiones filosóficas en que se inspira. Un tanto hiperbólicamente, se ha llegado a decir que la historia es la filosofía puesta en ejemplos.

Sin embargo, lo primero que cabe resaltar aquí es lo peculiar del papel que a la actividad filosófica se le asigna en la vida. Se insiste a menudo –y no voy a discutirlo ahora- en que la filosofía no sirve para nada. Pero cuando en un pueblo se han ausentado los auténticos filósofos, aunque haya algunos que se sirvan de ese nombre para halagar a quien les paga o para construir un pedestal a su vanidad, ocurre que todo espacio de libertad es utilizado para preparar la conquista del poder en cualquiera de sus formas. Porque si lo único que cuenta es quién tiene el poder y como puede hacerlo valer de manera efectiva, ¿para qué sirve la verdad?, ¿para qué puede servir buscarla en todos los órdenes de la realidad y de la vida? Hay varias respuestas plausibles. En esta ocasión nos centraremos en una que nos parece fundamental.

La verdad, precisamente porque no es algo útil, es la condición más indispensable para que sea posible la libertad humana. Sucede de hecho que la libertad, el camino del ser humano hacia sí mismo y su plenitud, no carece de dificultades y riesgos. Y uno de los más importantes es que –como ocurría con los sofistas de antaño- sea disociada de la verdad.




Una libertad al margen de la verdad

¿Por qué la libertad es “difícil”? En primer lugar, porque hay algo en el ser humano que quiere la libertad, sin duda, pero también existe algo en él que la rechaza o siente su ejercicio como algo arduo y demasiado cargado de responsabilidades, algo que la aborrece, que se cansa. Resulta que es más fácil ser esclavo que libre, y es más fácil también luchar por la libertad que vivir en ella, porque no basta con proclamarla, fingirla o tolerarla, sino que hay que apuntalarla en la verdad –es decir, en lo real- y darle un sentido, un para qué consistente, acorde con lo verdaderamente humano. Pero desde ese momento nos vemos vinculados, obligados, comprometidos. 

Por eso es más simple dejarse llevar. Salustio escribía ya que la mayoría de los hombres no quieren en realidad ser libres; prefieren tener buenos amos.

Y por eso comprobamos a menudo que el individuo tiende con demasiada facilidad a claudicar pasivamente ante el poder. Sin embargo, el único antídoto contra el poder desnudo que no reconoce norma alguna por encima de sí, es la afirmación de la verdad; más precisamente aún, el compromiso vital con ella.

El siglo XX y el XXI son una verificación de que los asesinos y los mercenarios de los regímenes y movimientos fanáticos y totalitarios, de los cárteles y los llamados “ejércitos de liberación”, se reclutan entre hombres así, hombres grises, simplificados, más dóciles a su agresividad y a sus apetitos que a los argumentos y afanes de la inteligencia; y por ello más manipulables. Es el Poder, el partido, el sindicato o el grupo mediático quienes deciden las injusticias que deben indignar y las que deben dejar indiferente, lo que ha de tolerarse y lo que no. Este imperio de lo opinable y de la cancelación, en el que la verdad depende de quien la diga y de la violencia con que lo haga, crea un tipo de ciudadano perfectamente dócil a toda forma de totalitarismo.

En su novela 1984, George Orwell se plantea con fiereza la posibilidad de que la verdad fuera el resultado de una decisión de los fuertes, del sistema, del “Gran Hermano”. ¿Quién, por consiguiente, podría negar entonces que dos y dos fueran cinco si así lo establecía un poder vigilante por encima del cual no hay nada? ¿Quién puede defender en ese caso a sus víctimas? ¿En nombre de qué? ¿Cómo puede no extinguirse la libertad? 

En un importante pasaje de la narración, Winston Smith, el protagonista, acaba de descubrir las pruebas de una falsificación documental realizada por el llamado Ministerio de la Verdad, en el cual trabaja; medita acerca una noticia manipulada que ha llegado a su poder y que inculpa a tres individuos inocentes. Él lo sabe, pero conocer la verdad sobre este asunto hace que su conciencia le sitúe frente a la lectura oficial de los hechos:

“Se preguntó... si no estaría loco. Quizás un loco era sólo una “minoría de uno”. Hubo una época en que fue señal de locura creer que la tierra giraba en torno al sol: ahora era locura  creer que el pasado era inalterable... Pero la idea de ser un  loco no le afectaba mucho. Lo  que le horrorizaba era la posibilidad de estar equivocado.

            (...) Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que el pasado no puede ser alterado. ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también pueden controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?

           ¡No, no!, a Winston le volvía el valor (...) Había que defender lo evidente. El mundo sólido existe y sus leyes no cambian. Las piedras son duras, el agua moja, los objetos faltos de apoyo caen en dirección al centro de la Tierra... 

Con la sensación (...) de que anotaba un importante axioma, escribió: "La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados.” (7) 

La verdad es peligrosa para el poder absoluto y totalitario, para los enemigos de la libertad; descalifica el voluntarismo nihilista de los superhombres. Por eso, el antagonista de Winston en la novela orwelliana, no duda en afirmar: 

“Nosotros, Winston, controlamos la vida en todos sus niveles. Te figuras que existe algo llamado  la naturaleza humana, que se irritará por lo que hacemos y se volverá contra nosotros. Pero no olvides que la naturaleza humana la creamos nosotros. Los hombres son infinitamente maleables... Si tú eres un hombre, Winston, es que eres el último ejemplar de esa especie. A esa especie la hemos sucedido nosotros. ¿Te das cuenta de que estás solo, absolutamente solo? Te encuentras fuera de la historia, no existes.” (8)

 


La mentalidad dominante en nuestro tiempo 

Max Weber consideró que nuestra época asistía al “desencantamiento del mundo”, refiriéndose al carácter de una sociedad occidental modernizada, burocratizada, secularizada, donde la comprensión científica está más valorada que la creencia y el misterio, y donde los procesos están orientados a metas racionales: no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede sor dominado mediante el cálculo y la previsión. (9)

Pues bien, los acontecimientos mismos han mostrado que el control propio de una razón dominadora, autoconvencida de que saber es un poder (10)amenaza con convertir el nuestro en un mundo sin encanto, sin vínculos profundos y sin hogar, regulado por los sueños oscuros del poder. La razón misma, autosuficiente, no tendría ni pretendería otra justificación que sus propias creaciones. Los tortuosos desafíos de algunos hombres de ciencia o de algunos centros del poder económico pueden servir como ejemplos recientes de lo que venimos diciendo.

            Si tuviéramos que pensar el propio tiempo, como pedía Hegel a la filosofía, podríamos destacar que se ha extendido en los últimos tiempos, por encima de escuelas y sistemas filosóficos, la convicción de que el hombre "auténtico" –varón o mujer- es el que triunfa en la vida, lo cual significa: el que llega a ser autosuficiente, el que se desata de vínculos y dependencias forjando su propia seguridad e imponiendo sus deseos, el que no se debe a nadie más que a sí mismo y sólo es para sí mismo. En el ámbito individual eso significa autosatisfacción y bienestar, y en el colectivo –si es un grupo o una colectividad quien se erige en sujeto-, control, dominio y eficacia. Y el camino para lograr tal grado de autoafirmación no es otro que el propio hacer.

Esta mentalidad hoy dominante se levanta sobre el viejo desprecio del saber teorético en pro de la mentalidad productiva (poiesis) y la eficacia ("saber es poder"); hizo eclosión durante la Ilustración, momento en que la razón humana fue proclamada mayor de edad, y cuenta hoy con cauces muy precisos: economía, política, ciencia, técnica, informa­ción de masas..., o, si se quiere, economicismo, estatificación y pensamiento único, tecnocracia, con­sumismo... 

 


Las ideologías

Es producto de un implacable proceso de “ideologización de la cultura”. Pero, ¿qué debe entenderse por "ideología"? Las ideologías son sistemas de ideas que ofrecen una interpretación del mundo y del ser humano que sirven como instrumento para la instauración de una voluntad de dominio. Las ideologías son eminentemente pragmáticas, detrás de ellas no hay una pretensión de dar con la verdad sobre lo que ocurre en la realidad, lo que es justo o la naturaleza de las cosas. Su única intención es imponerse sobre cualquier otra concepción o postura.

Se trata de modos de entender el mundo articulados desde una voluntad de poder y no desde una apertura a la verdad, lo que las convierte en el fondo en meras condiciones de eficacia al servicio de la voluntad dominadora que las ha configurado. No tienen nada que ver con la adecuación a lo que las cosas son, con la verdad. Son eficaces y basta. Si logran imponerse, cuentan, y eso es todo. ¿Qué importa que una afirmación sea falsa o inmoral? El caso es que ‘hemos logrado que funcione’ y ha sido admitida por la opinión general. Para ello se cuenta, además, con poderosas herramientas de manipulación del lenguaje. (11)

Es el criterio de la praxis, entendida como producción de objetos y resultados externos y mensurables; el nudo pragmatismo. Dicho en expresión coloquial: “Lo de menos es que el gato sea blanco o negro. El caso es que cace ratones”. Por eso las ideologías no pertenecen al ámbito de la teoría, sino que penetran en la política, la economía, la comunicación, los núcleos y actividades generadoras de opinión.

Karl Marx escribía: “El problema de si al pensar humano responde una verdad objetiva no es una cuestión teórica, sino práctica. Es en la praxis donde tiene que demostrar el hombre la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa sobre la realidad o no realidad de un pensamiento, prescindiendo de la praxis, es una cuestión puramente escolástica.(12) Y añadía: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” (13)

El caldo de cultivo para la imposición de una voluntad de poder es el relativismo, el nihilismo. Si todo es opinable y todas las opiniones son semejantes, si nada tiene valor por sí mismo, entonces lo que hace que prevalezca una postura u opinión sobre las demás es el grado de fuerza que la respalda y la conduce al éxito, a la supremacía sobre las demás, ya se trate de la seducción con la que se muestra, de la voluntad del legislador, de la moda o corriente mayoritaria, etc.)

Una cultura ideologizada devasta la verdad, el bien y la belleza, y las sustituye por sucedáneos: la apariencia, la mentalidad dominante, el placer, la utilidad, la comodidad, el éxito, el deseo... la posverdad. La realidad deja de ser el referente de lo verdadero, lo justo, lo correcto, lo bello... y todo pasa a depender del deseo predominante, del pensamiento único, de las emociones y la publicidad. Nietzsche lo llamaba la "voluntad de los fuertes"… ¿Nos preguntaremos aún para qué sirve la verdad…?

Andrés Jiménez Abad


[1] Olegario GONZÁLEZ DE CARDEDAL. El poder y la conciencia, Madrid, 1985, pág. 303.

[2] Ibídem

[3] Xabier ZUBIRI. Prólogo a Inteligencia Sentiente, Madrid, 1981, pág.15. Cit. en Olegario GONZÁLEZ DE CARDEDAL. Ídem, pág. 317.

[4] IDEM. Naturaleza, Historia, Dios. Madrid, 1974, 6ª ed., pág. 193.

[5] IDEM. Prólogo a Inteligencia Sentiente, loc. cit.

[6] ROMANO GUARDINI. La cultura como obra y riesgo. Madrid, 1960, pág. 20.

[7] GEORGE ORWELL. 1984. Estella (Navarra), 1983, págs. 69-70.

[8] IDEM. pág. 203.

[9] Cfr. MAX WEBER: “La ciencia como vocación”(1919). En Weber, M. El político y el científico. Madrid, Alianza, 1993, págs., 180-231. 

10 “Saber y poder son lo mismo; el sentido de todo saber es dotar a la vida humana de nuevos inventos y recursos”. (FRANCIS BACON. NovumOrganum, 1, 3; 1, 81)

[11] Términos-talismán como, por ejemplo, “ingeniería financiera”, "progreso", “beneficio cero”, “regulación de plantillas”, “interrupción voluntaria del embarazo”, “derechos reproductivos”, “escuela comprensiva e inclusiva”, “educación intercultural”, "inclusión", “opinión pública”, “perspectiva de género”, etc., gozan de una aureola encubridora de realidades menos halagüeñas.

[12] Karl MARX. Tesis sobre Feuerbach, 2ª tesis.

[13] Ibídem, 11ª tesis.